La Coctelera

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Categoría: Globalización económica

7 Octubre 2008

El capitalismo otra vez está en crisis. Los medios frenéticamente anuncian el Apocalipsis financiero now, resucitan las viejas tesis de la crisis terminal del capitalismo, esa que muchos pensadores de izquierda han pronosticado por generaciones, el Fondo Monetario, Soros, economistas de todos los rincones del planeta se adelantan a sugerir que ésta sería una de las peores crisis que haya enfrentado el capitalismo.

Independientemente de lo anterior es importante entender -en la medida de lo posible- las dimensiones, causas y reales consecuencias de semejante acontecimiento que convulsiona al planeta entero. Pero, quizás, antes de ello deberíamos partir reconceptualizando el sistema capitalista, cuál es su esencia y su razón última: el alfa y omega de tan cuestionado sistema. Muchos lo entienden como la empresa privada o la propiedad privada, la explotación del hombre o el gobierno de la derecha, las teorías de Adam Smith o de Milton Friedman, la ley de la oferta y la demanda o la "mano invisible". Sin embargo y para ir mucho más al núcleo fundamental, aunque en todas esas caracterizaciones haya parte de la verdad, el sistema capitalista es en esencia un orden político, social y económico que se sustenta en la búsqueda del lucro para todo capital que pueda obtener una rentabilidad. Es decir, obtener un beneficio mayor por sobre la inversión y de allí, atesorar ganancias sobre ganancias. Es decir, los valores que mueven al mundo capitalista son nada menos que esos viejos y desacreditados pecados capitales como la avaricia -afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas- o la codicia -afán excesivo de riquezas. El orden mundial está sustentado -hoy más que en ninguna otra época- sobre este tipo de comportamientos que no provienen precisamente del conjunto de virtudes humanas -siempre tan escasas- sino más bien de sus antípodas.

Podrán ser desacreditadas las tesis de Smith o Friedman y podrán desaparecer la propiedad privada, la economía de mercado y los gobiernos de derecha, pero si continúa el lucro como razón de ser de la sociedad humana, seguirá prevaleciendo el capitalismo y se encontrarán las instituciones adecuadas para su realización. El lucro es en definitiva -y en simples palabras- la verdadera razón de la crisis actual. Así lo entiende profundamente la Presidenta Bachelet quien se permitió decir esto ante las naciones del mundo. Bien por ella, pero, podría también decirle eso mismo a las AFP chilenas, a los grupos económicos que en Chile depredan el medio ambiente y explotan a los trabajadores debido a su insaciable codicia. Mal que mal, Chile es el paradigma del capitalismo salvaje y la tierra donde la avaricia y la codicia campean a su antojo, así como medraron las bestias en el principio de los tiempos. Pero, nadie es profeta en su tierra y si la presidenta lo hiciese, corre el riesgo de bajar mucho en las encuestas de La Tercera y El Mercurio y de allí, la Concertación podría perder las elecciones.

Para quienes no somos más que simples economistas, no se nos está permitido hablar con tanta liviandad acerca de situaciones tan complejas y fenómenos tan entreverados. No sería serio y pecaríamos de una enorme falta de prolijidad profesional. De allí que tengamos -forzosamente- la tarea de hacer esfuerzos mayores de comprensión y explicación de tales situaciones. Es necesario por lo demás, puesto que es mucho lo que se dice y escribe al respecto, mas es muy poco lo que se puede entender.

Vamos por parte. En la actualidad -y en términos macroeconómicos- el capital tiene dos grandes ámbitos para realizar ganancias: la economía real y/o la economía financiera. Es decir, puede invertir en una planta lechera, en una mina de cobre, en una empresa de transporte, o en cualquier otra actividad que signifique producir algo que tenga consistencia física o intangible, como por ejemplo, un servicio de transporte o una empresa de contabilidad que no le dan nada material pero que sí prestan una utilidad, sirven. El ritmo de maduración de estas inversiones depende del tipo de actividad, pero, obviamente no es inmediato. Si invertimos en plantar tomates, debemos esperar el tiempo de cosecha que no será nunca antes de seis meses. La alternativa es el mundo de las finanzas. Hoy por hoy, en ese mundo ya casi virtual, los tomates se cosechan de la noche a la mañana y los árboles crecen en fracciones de segundo. ¿Nada mal no? el mundo feliz, la gallina de los huevos de oro, la lámpara de Aladino, la cueva de los cuarenta ladrones, el reino de Midas y todas esas fantasías infantiles que hacen soñar con una vida más fácil y sin los sinsabores de la sentencia bíblica "ganarás el pan con el sudor de tu frente". En la actualidad y gracias a las características del sistema financiero global, es posible ganar mucho más -y en más corto tiempo- que en actividades reales y vamos a ver la razón de esto.

En todo caso, si a la codicia como valor supremo de la humanidad capitalista le añadimos las características actuales del mercado financiero, vamos a comprender mejor las causas de la crisis actual: ¿Para qué vas a ganar 100 si puedes ganar 500? ¿Para qué vas a producir leche si puedes comprar instrumentos financieros que rentan mucho más? El primer problema es que los instrumentos financieros no se comen y los tomates sí, las acciones en bolsa no contienen los nutrientes que tiene la leche y que los niños del mundo necesitan para su alimentación; el segundo problema es que cuando se invierte el dinero en acciones o instrumentos financieros, se deja de invertir en la producción de leche o de trigo y, en consecuencia, hay menos actividad económica, menos empleo, menos leche y más hambre, más desempleo y más pobreza. Según Lynn Walsh, editor de la revista Socialism Today, durante el período 1980/90, los capitalistas aumentaron sus ganancias a través de la intensificación de la explotación de los trabajadores, pero, la inversión de capital ha caído a niveles históricos. Es decir, ha habido un excedente de ganancias no invertidas en la creación de bienes de capital para la producción real y este excedente ha sido una de las principales fuentes de dinero que se ha introducido en el sector financiero.

Esto es precisamente lo que ha ocurrido en las últimas décadas. No son pocos los especialistas que afirman que hoy la economía capitalista, en su conjunto, no es nada más que un enorme casino, en donde los ricos del mundo van a jugarse el ahorro y la riqueza del planeta: algunos perderán, pero otros van a ganar y mucho. Mientras tanto, el ahorro de los trabajadores que ponen sus fondos de pensión en las AFP y que éstas a su vez arriesgan en los mercados financieros, se va distribuyendo etapa por etapa: una parte para las utilidades de la AFP; otra para pagar las comisiones de los operadores financieros que transan las acciones o instrumentos financieros que la AFP compra; y una no despreciable porción para sustentar los costos de operación -luz, agua, arriendos, almuerzos, viajes, materiales para oficinas lujosas, etcétera- y los sueldos de los ejecutivos de bancos y fondos de inversión que transan esos instrumentos financieros. Todo ello con una promesa altamente riesgosa de incrementar el fondo para su pensión, es decir, con una alta probabilidad de que no sea cierto. Si se materializa, bien para el trabajador, para los operadores financieros, los bancos y la AFP, si no, mal solo para el trabajador, puesto que la AFP ya cortó su parte, los ejecutivos de los bancos ya recibieron sus salarios, los costos de operación ya se pagaron y las comisiones ya se cobraron. Todo ello con los fondos que se les obliga a los trabajadores a proveer para sus futuras pensiones. Así como los trabajadores que ponen sus fondos previsionales en una AFP, también hay otras personas que ponen sus ahorros en bolsas de comercio y fondos de inversión que corren la misma suerte.

Datos estremecedores que permiten sustentar estos argumentos: el sector financiero ha sido el de más rápido crecimiento en la economía mundial. A principios de los ochenta, el total de activos financieros (acciones, bonos, préstamos, hipotecas) era aproximadamente igual al Producto Interno Bruto mundial (PIB), es decir, igual a toda la riqueza del planeta. Al final del 2005, era equivalente a 3,7 veces el PIB mundial, es decir, casi cuatro veces la riqueza global, lo que significa que no hay suficientes aviones, tomates, zapatos, trigo y leche, en el mundo, para hacer efectivo el valor de todos los activos financieros. Unos cuantos hombres de negocio tienen en sus manos la riqueza del planeta que se produce hoy y que se producirá en los próximos 4 años. En ese mismo período de tiempo, el valor nominal de los derivados financieros -que son instrumentos o contratos cuyo valor deriva del que tienen los activos financieros- representó tres veces el valor del total de activos financieros y 10 veces el PIB mundial (Lynn Walsh).
Lo que vemos claramente en los últimos años, es que los dueños del capital no solo han acumulado cada vez más riqueza, también han buscado mayores rentabilidades a través de la especulación financiera y menos en la producción real. Esto porque de alguna manera, el ciclo de negocios en la economía no financiera se ha ido reduciendo y estrangulando, entre otras cosas, por la creciente concentración de la riqueza que limita la expansión de la demanda y por la disminución de la productividad de los ecosistemas naturales al ser sometidos a sobre explotación. Todo ello reduce la tasa de ganancia en la economía real empujando a los capitalistas hacia la especulación financiera. Esto, a su vez, refuerza la perdida de dinamismo de la economía real al reducirse las inversiones pues el capital migra hacia el mercado financiero.

Vemos claramente cómo la avaricia se ha desplegado por el mundo sin cortapisas y cómo ello ha desviado una riqueza gigantesca de la producción real y útil, tangible o intangible, para sustentar una orgía miserable y cruel de lucro y acumulación, mientras el desempleo, la pobreza, el hambre y la desigualdad cunden como reguero de pólvora. Dato curioso y francamente insultante: para combatir la hambruna que aqueja a más de 800 millones de personas, las naciones del mundo recolectaron 16 mil millones de dólares, mas, para resolver la crisis financiera del Wall Street el gobierno estadounidense asignó 700 mil millones de dólares -amén de todos los gastos que ya ha hecho ese país y otros del mundo desarrollado que suman una cifra similar-, es decir, 44 veces más para continuar el desenfreno absurdo de Wall Street que para enfrentar el hambre de los más necesitados ¿Perro mundo no?

El Detonante de la Crisis: las Hipotecas Subprime

Como se ha repetido hasta el cansancio, a esta crisis se le ha denominado la crisis subprime y dice relación con préstamos hipotecarios que hizo la banca norteamericana a personas que eran incapaces de hacer frente a sus obligaciones. Como sabemos, en el año 2001 hubo otra crisis financiera conocida como la "burbuja Internet" que se desarrolló debido a la entrada exitosa en las bolsas de comercio de las empresas de Internet -en Estados Unidos con Yahoo y Amazon y en España con Terra- gracias a las elevadísimas expectativas de negocio que se basaban en proyecciones demasiado optimistas en cuanto al número de usuarios que se iban a captar. Pues bien, éstas no se materializaron, lo que llevó a la caída del financiamiento y fue causa de otra crisis de liquidez. Entonces, la Reserva Federal -el Banco Central de Estados Unidos- para aportar liquidez al sistema hizo caer en dos años el precio del dinero desde un 6,5% a un 1%, lo que constituyó un fuerte incentivo para expandir el crédito, dado el bajo costo que la Reserva Federal le cobraba a los bancos y a los fondos de inversión por el dinero prestado. Esto favoreció el mercado inmobiliario y contribuyó a que, en 10 años, el precio real de las viviendas se multiplicara por dos en Estados Unidos, gracias a la mayor demanda que la disponibilidad de préstamos favorecía.

Si a lo anterior agregamos el hecho de que, durante años, las tasas de interés vigentes en los mercados financieros internacionales han sido considerablemente bajas, podemos entender la necesidad de los bancos por aumentar la oferta de créditos para compensar la disminución de sus márgenes de ganancia que significaba la caída de la tasa de interés. La racionalización lógica de la expansión de créditos inmobiliarios a personas insolventes era muy simple: como son más riesgosos, les cobramos más interés y si pagan, bien, pero si no pagan nos quedamos con las casas cuyos precios considerablemente más altos nos permitirán recuperar el dinero prestado y ganar un excedente. El error es obvio, los precios de las casas estaban siendo empujados hacia arriba, entre otras cosas, por el aumento de los créditos hipotecarios de mala calidad que hacían subir la demanda y, en consecuencia, el precio y la oferta futura de casas. Es decir, un boom inmobiliario artificialmente construido. Estos créditos hipotecarios se denominan hipotecas subprime, en contraposición a las denominadas hipotecas prime que tienen muy bajo riesgo de insolvencia, puesto que sus deudores son clientes con trabajo, activos e ingresos estables.

Ahora bien, el aumento en el número de operaciones de los bancos, no lo podían solventar cos sus propios recursos, por lo que, gracias a la Globalización que mantiene en línea a todos los mercados financieros del mundo, pudieron recurrir a la banca internacional para obtener los fondos necesarios. Esto, en virtud del mercado interbancario -que es donde los bancos se prestan dinero unos a otros. Sin embargo, con ello debilitaban el cumplimiento de las llamadas Normas de Basilea que le exigen al banco un capital no inferior a un determinado porcentaje de sus activos -en los que se incluyen los préstamos que otorgan. Eso fue precisamente lo que estaba ocurriendo: el aumento en los créditos hipotecarios de alto riesgo les hacía quebrantar dichas normas. Para salvar la situación, los bancos actuaron implementando dos operaciones articuladas mutuamente: primero, creando los denominados conduits, que consisten en filiales de los bancos bajo la forma jurídica de fondos de inversión que, gracias a la normativa hoy vigente, no estaban obligados a mostrar balances consolidados con los bancos que los habían creado y que pertenecían al mismo dueño; segundo, creando la llamada "Titulación" que consiste en la invención de un nuevo instrumento financiero que no es nada más que un paquete de deudas hipotecarias, en los que se mezclaban tanto las prime como las subprime. En consecuencia, ahora el banco tenía un conjunto de nuevos instrumentos que se denominaban MBS (Mortgage Backed Securities) y que consistían en un conjunto de obligaciones garantizadas por la hipoteca de los inmuebles y que no eran más que canastas que agrupaban créditos de distinta categoría de riesgo. La gracia es que esto hacía que los MBS tuvieran un riesgo menor que las hipotecas subprime por si solas, dado que promediaban su riesgo con el de las prime.

Con estos dos inventos financieros, el banco hacía que los fondos de inversión (sus conduits) compraran dichos instrumentos MBS y de esa manera lograba reducir mágicamente la vulnerabilidad en su cartera de créditos y aumentar la relación entre su capital y los créditos otorgados. Esto porque le vendían su cartera de clientes a sus fondos de inversión. Lo absurdo es que el banco y los fondos de inversión le pertenecían al mismo dueño, pero, de esa manera lograban cumplir con las Normas de Basilea. A su vez, estos fondos de inversión, mediante los créditos interbancarios conseguían los recursos para comprar los MBS y, por otra parte, vendían estos MBS a otros fondos de inversión, sociedades de capital de riesgo, aseguradoras, financieras, sociedades patrimoniales y administradoras de fondos de pensión.

Ahora bien, para que todo esto pudiese operar "limpiamente" se requería del apoyo de las clasificadoras de riesgo, es decir, tenían que ser bien evaluados por las agencias de rating, que califican en función de la solvencia de los instrumentos financieros. Para vender los MBS altamente riesgosos a operadores como las sociedades de capital de riesgo, las AFP u otros fondos que buscaban rentabilidades más altas, entre otras razones porque eso implicaba recibir comisiones según la rentabilidad obtenida, los bancos conseguían de las agencias clasificadoras de riesgo, una recalificación de los instrumentos financieros. Para ello procedían a una nueva "Titulación" o reestructuración, esta vez de los MBS, creando nuevos paquetes pero de MBS que se denominaban tranches. Aquellos con mayor probabilidad de pago eran reclasificados en categoría AAA, es decir, con el menor riesgo, los más solventes. Estos MBS ordenados en tranches fueron rebautizados como CDO (Collateralized Debt Obligations), es decir, deudas colaterales pues se apoyaban en las características de otras deudas. El cuento sigue, puesto que con estos CDO creaban otros instrumentos como los CDS (Credit Default Swaps) ofreciendo más y más intereses sobre deudas hipotecarias de dudosa credibilidad.

Todas estas operaciones tenían como punto de partida, o como hipótesis, el que las hipotecas subprime se iban a pagar y que el boom inmobiliario en Estados Unidos no se detendría jamás, aumentando constantemente el precio de los inmuebles. No obstante, a principios del 2007, los precios de las viviendas norteamericanas se desplomaron. Los deudores hipotecarios se dieron cuenta que estaban pagando por sus casas más de lo que ahora costaban y no pudieron o no quisieron seguir pagando sus deudas. Automáticamente, nadie quiso comprar MBS, CDO o CDS, y quienes ya los tenían no pudieron venderlos. Pérdida total. La crisis de credibilidad se instaló inmediatamente y los bancos debieron recurrir, una vez más, a los prestamos interbancarios, pero, o no conseguían créditos o lo hacían a tasas muy altas. En consecuencia, se produjo la temida crisis de liquidez, es decir, no había dinero, por lo que no se otorgaban créditos ni hipotecas, caía la demanda de las empresas constructoras, caía el precio de sus acciones en bolsa, empezaba a subir la tasa de interés y los deudores habitacionales empezaban a pagar más por la deuda, a las empresas menos solventes se les cerraba el acceso al crédito, los bancos se quedaban sin recursos y empezaban a vender acciones, bonos, edificios, y todo esto empezaba lentamente a repercutir en los precios y la demanda global, por lo que comenzaba a aumentar el desempleo, la inflación y a caer toda la actividad económica real. Es decir: recesión.

Las Causas Profundas de la Crisis

Muchos han sostenido que la causa de la presente crisis financiera es la denominada burbuja hipotecaria subprime. No obstante, eso solo corresponde al detonante de la crisis. Sus causas profundas dicen relación con el proceso de desregulación del mercado financiero, el comportamiento de las clasificadoras de riesgo y la conducta observada por los bancos centrales del mundo.

En el sector financiero existe un conjunto de fondos de inversión libre no reglamentados que apuestan a productos financieros con un elevado riesgo -conocidos como hedge funds- y un grupo de bancos de inversión autorizados a realizar operaciones en el mercado de capitales. Ambos hoy representan más de la mitad de todo el crédito, mientras que los bancos tradicionales están cada vez más comprometidos en acciones especulativas no reguladas, tales como los mecanismos de "Titulación" que no están obligados a informar en sus balances. Estas operaciones que cuentan con la complicidad de las autoridades políticas, fueron autorizadas por los cambios en la legislación gubernamental -la llamada "desregulación financiera"- al punto que hoy, la principal actividad de los bancos de inversión y de los hedge funds es comprar y vender deuda entre ellos mismos, obteniendo como es obvio, alguna ganancia entre cada operación. A esto ha contribuido, también, el desarrollo de la informática y de las telecomunicaciones que permiten operaciones financieras en línea y las 24 horas del día a través de todo el mundo.

No obstante lo anterior, tal como lo sostiene Lynn Walsh, el factor más importante es de carácter político e ideológico. La "desregulación financiera" se inscribe en el cambio ideológico que operó durante las últimas tres décadas del pasado siglo, cuando se abandonaron las políticas económicas de inspiración liberal-keynesiana y se asumieron las recomendadas por la Escuela de Chicago de Milton Freidman. Una suerte de retorno a las políticas liberales de principios del siglo XX. Así también, es el resultado de la imposición asimétrica de las fuerzas políticas pro capitalistas en la mayor parte del mundo occidental y de la abdicación -y en muchos casos subordinación- de gran parte de las fuerzas políticas no capitalistas a la lógica del capital. La "desregulación financiera", es la hija predilecta de esas políticas económicas ultraliberales que han provocado las diferentes crisis que ha enfrentado el mundo en los últimos 30 años y, particularmente, la crisis subprime en curso. El mismísimo Fondo Monetario Internacional, en 1998, sostenía que las crisis que han llegado a tener efectos globales, se explican por los procesos de desregulación y liberalización financiera, así como por la innovación en los mercados de capitales de finales del siglo pasado y principios del siglo XXI, a más de otros causas.

Girón y Correa sostienen que, entre los cambios financieros estructurales más importantes ocurridos en los últimos 30 años, es posible señalar: el acortamiento de los plazos en depósitos e instrumentos financieros y el desarrollo de un activo mercado secundario de títulos, lo que ha reducido considerablemente el plazo para la realización de la ganancia; el crecimiento de las prácticas de "Titulación" del crédito; el enorme crecimiento de las operaciones "fuera de balance" de los bancos, en particular con el uso de instrumentos derivados y la administración y el comercio de títulos de deuda; y el fortalecimiento de los fondos de inversión con un alto grado de concentración de activos financieros en manos de unos cuantos administradores que pueden mover grandes volúmenes en muy corto plazo. Todas estas transformaciones han conducido a características muy preocupantes del sistema financiero internacional, una de las cuales es la falta de transparencia, ya que nadie conoce realmente cuales son los riesgos asociados a las inversiones Otra característica aterradora que daña un fundamento crítico del sistema bancario -la honorabilidad de los compromisos, es decir, la certeza de que las deudas se pagan- es la separación entre los acreedores de deuda y quienes las arbitran, es decir, entre quienes las deben cobrar -los bancos- y los que transan títulos basados en esas deudas en mercados secundarios -los fondos o conduits- bajo el predicamento de que cuando una deuda está asegurada y se vende, no tiene ninguna relevancia el hecho de que los deudores originales estén capacitados o no para pagar dichas deudas.

Según John Hoefle, la desregulación del sistema financiero estadounidense -que regenta a los mercados financieros del mundo- permitió que se fueran eliminando de manera sistemática las medidas legislativas proteccionistas que resultaron de la lucha política del presidente Roosevelt en contra los banqueros internacionales en los años treinta. Hoefle recuerda que, en 1993, la Commodity Futures Trading Commission (CFTC), institución gubernamental responsable de regular los mercados a futuro, determinó que las transacciones de derivados efectuadas fuera de los mercados de valores, estarían exentas de toda regulación. Esto incluía operaciones de futuro de cualquier tipo, entre ellos los relacionados con los energéticos. Así también, en el 2000, se aprobó la Commodities Futures Modernization Act que dejó a ciertos derivados financieros huérfanos del control gubernamental y sin la supervisión de la CFTC.
Otra importante modificación que "desregulaba" la actividad financiera, mediante el eufemismo de la modernización de los servicios financieros, fue la Financial Services Modernization Act de 1999, que representó el mayor cambio en la regulación del sistema financiero norteamericano desde 1930. Esta ley creaba un nuevo tipo de entidades financieras denominadas Financial Holding Company (FMC), autorizadas para llevar a cabo actividades en valores, banca, seguros, así como también, en cualquier actividad calificada como financiera. De esta manera se quebrantaba la separación entre la banca comercial y la banca de inversión que estableció la Banking Act de 1933, debido a que en la época de la Gran Depresión, un gran número de quiebras bancarias se atribuyeron a la actividad especulativa de los bancos en el mercado de valores.

El economista Emilio Ocampo agrega, además, que en el año 2004 fue relajada la norma que obligaba a los bancos de inversión como Goldman Sachs, Morgan Stanley, Merrill Lynch, Lehman Brothers y Bear Stearns, a mantener una relación mínima entre endeudamiento y patrimonio. Esto llevó a que en el período 2003/07, la relación endeudamiento sobre patrimonio de Morgan Stanley pasara de 23 a 32 y lo mismo ocurrió con los otros bancos. En contraste, a fines de 2007, la deuda total de un banco comercial como JP Morgan (supervisado por la Reserva Federal) no excedía 12 veces su patrimonio.

Según el informe Nº 78 del Banco de Pagos Internacionales (BPI) "es innegable que los cambios en el sistema financiero a lo largo de los años también han contribuido de forma importante al desenlace de los acontecimientos. En concreto, las numerosas innovaciones relacionadas con la propagación del modelo financiero basado en originar y distribuir riesgos han tenido una enorme influencia. Innovaciones recientes como los productos financieros estructurados se consideraron en un principio una buena manera de repartir los riesgos asumidos. Sin embargo, la forma en la que se introdujeron empeoró significativamente la calidad de la calificación del crédito en muchos mercados y produjo una clara falta de transparencia, lo que acabó generando una enorme incertidumbre sobre el volumen real de las pérdidas y su distribución. En efecto, las innovadoras técnicas financieras de «empaquetamiento» y redistribución de riesgos hacían que éstos fueran más costosos pero menos probables, al menos durante algún tiempo. En la práctica, esto suponía que los riesgos inherentes a los nuevos préstamos parecían desaparecer, elevando con ello las calificaciones, hasta que reaparecían de repente al materializarse una pérdida totalmente inesperada".

El ya legendario premio Nobel de Economía, Paul Samuelson, autor de textos de estudio que muchos economistas debimos revisar y aquilatar en nuestro años de estudio, en un artículo publicado por el diario El País en enero pasado, afirma que cuando Bush se hizo con la presidencia en el 2000 y los republicanos obtuvieron mayoría en las dos Cámaras del Congreso, el "conservadurismo compasivo" de Bush se tradujo en compasivos regalos fiscales a los plutócratas, además de una nueva desregulación de la contabilidad empresarial que les permitiría ocultar las pérdidas y exagerar los beneficios, mediante un manejo de los balances que violaban las estrictas normas de contabilidad creadas en los años anteriores a Bush. El profesor Samuelson continúa diciendo que "las bancarrotas y las ciénagas macroeconómicas que sufre hoy el mundo tienen directa relación con los chanchullos de ingeniería financiera que el aparato oficial aprobó e incluso estimuló durante la era de Bush".

No menos importante ha sido el rol de los bancos centrales. El papel que éstos desempeñaron jugó también un factor crítico en esta crisis, puesto que, utilizando el mecanismo de tasas de interés anormalmente bajas, proveían a los grandes operadores con dinero fresco y a bajo costo para sus operaciones. Recuérdese que los bancos centrales actúan como prestamistas del sistema bancario y financiero, para lo cual establecen una tasa de interés que actúa como referente para las operaciones de crédito. En particular, la Reserva Federal -el Banco Central estadounidense- cada vez que se enfrentaba a una amenaza de inestabilidad, respondía con nuevas inyecciones de liquidez. Alan Greespan -largo tiempo a la cabeza de la Reserva federal- fue el artífice de esta política que hoy continúa Ben Bernanke. Por otra parte, la deuda de los gobiernos ha sido una de las bases más importantes para el crecimiento de los activos financieros. Algunos sostienen que el crecimiento del período 2001/07 fue alimentado por las bajas tasas de interés de Greenspan y los enormes déficits fiscales de Bush que hacían subir los títulos y los volúmenes de endeudamiento en el sistema financiero. Así también, el Banco Central Europeo, ha ido inyectando liquidez monetaria para que los Bancos puedan tener dinero.

Torres López sostiene que los bancos centrales son en parte responsables de la crisis, en primer lugar porque a ellos corresponde la labor de vigilar la situación del negocio bancario, la de advertir del riesgo y prevenir sus consecuencias. No son pocos los instrumentos que tienen para realizar dicha tarea y tampoco es despreciable la información de que disponen sobre la situación financiera real que se estaba generando, pero, eligieron la complacencia y el silencio frente a la creciente volatilidad y el peligro cierto de recesión mundial que se estaba incubando; y en segundo lugar, porque los bancos centrales han utilizado la política monetaria -que es un instrumento de política económica- exclusivamente para controlar la inflación, olvidándose de cualquier otro objetivo, como el crecimiento de la actividad o el empleo, y han actuado como un soporte del sistema financiero aportándole liquidez para el negocio especulativo.
Como sostiene el Banco de Pagos Internacional (BPI), en los últimos años se han puesto claramente de manifiesto una serie de tendencias económicas y financieras inusuales, tales como el rápido crecimiento del dinero y del crédito, en el contexto de una inadecuada valoración del riesgo en forma generalizada. Las elevadas tasas de crecimiento monetario y crediticio registradas en todo el mundo por un largo período, entre otras causas, son el resultado de una política monetaria basada en tasas de interés oficiales extraordinariamente bajas en los últimos tiempos, en comparación con sus niveles de posguerra, lo que fue posible gracias a la mayor credibilidad que han tenido los bancos centrales durante los últimos años.

Por otra parte, en esta crisis, las agencias clasificadoras de riesgo han sido francamente incompetentes o han incurrido en graves conflictos de intereses. Las aseguradoras de deuda que actúan como aval en todas las emisiones de deuda -denominadas Monline porque esa es su única actividad- que comenzaron asegurando deuda pública de instituciones oficiales en Estados Unidos y que desde hace algunos años decidieron ampliar su negocio y lanzarse a las emisiones privadas, avalando cualquier tipo de bono o instrumento financiero estructurado como los MBS, CDO o CDS, han perdido credibilidad y, en consecuencia, valoración en las bolsas de comercio. A estas incluso se les acusa de estar muy implicadas en el negocio y eso explica el que no les interesara mostrar la verdadera y peligrosa naturaleza de los títulos e instrumentos financieros.

El descontento en contra de estas clasificadoras de riesgo se extiende por todo el orbe, puesto que fueron incapaces de prever el riesgo y siguieron clasificando con nota AA (de bajo riesgo) a instrumentos financieros contaminados con las hipotecas basura. Clasificadoras de riesgo como Moody's y Standard and Poor's, entre otras, otorgaron las calificaciones más altas (AAA) a instrumentos financieros que tenían como respaldo los famosos créditos subprime. Lehman Brothers -el gigante banco norteamericano caído recientemente- ostentaba una clasificación de bajo riesgo (AA) a pocos días de su estrepitosa quiebra. Las aseguradoras de riesgo norteamericanas más grandes del planeta - Fitch, Standard & Poor's y Moody's- han sido responsabilizadas por parlamentarios estadounidenses de la crisis y sus consecuencias. Más crudo fue The Wall Street Journal, quien ha señalado que estas aseguradoras no solo empujaron la crisis, sino que ganaron mucho dinero con los títulos contaminados con las hipotecas subprime. Las clasificaciones máximas de estos instrumentos financieros que otorgaban estas clasificadoras, les permitieron vender y colocar esos "instrumentos basura" a los bancos de inversión, a cambio -como no- de cuantiosas tarifas de mercado.

Duración de la Crisis

Ignacio Ramonet, citando al editorialista Martin Wolf del Financial Times, nos informa que las estimaciones van entre veinte años si tenemos suerte o menos de diez años si las autoridades actúan con mano firme. La verdad es que la dimensión del problema no está bien calibrada, aún hay mucha incertidumbre y eso se refleja en el frenético subir y bajar de las bolsas. Tampoco se sabe quienes son todos los afectados, cuántos bancos, cuántas AFP, cuántos fondos de inversión.

Claramente, la duración de la crisis dependerá del monto de las pérdidas que podrían acontecer en el curso de ésta. Lynn Walsh, citando el libro de Morris "The Trillion Dollar Meldown", sostiene que sólo las pérdidas por las hipotecas subprime ascenderían a 450 mil millones de dólares, aunque hoy se sabe que es una estimación baja por los montos que ha invertido el gobierno norteamericano en sostener el mercado financiero. Para las empresas estima pérdidas potenciales mayores a 345 mil millones de dólares; en tarjetas de crédito las pérdidas ascenderían a 215 mil millones de dólares. En total, un billón de dólares en pérdidas o riqueza esfumada. Si a esto se agregan las pérdidas potenciales de los CDS -las deudas colaterales- y que son difíciles de precisar, no quedarían muchas ganas de seguir contando, dado que, cualquier cifra que se aventure no debería dejar de considerar que el valor nominal de éstos asciende a la escalofriante cifra de 45 billones de dólares. Es por ello que Morris sostiene que si caen los CDS "nos enfrentaríamos a una trombosis completa del sistema de crédito" y que, dado el volumen, no tiene sentido tratar de estimar la magnitud de las pérdidas. Para mayor abundamiento, Morris sostiene que una crisis caótica, convulsiva, un desastroso colapso del sistema financiero, podría producir pérdidas de hasta 3 billones de dólares.

Las medidas de solución

Las crisis financieras son difíciles de evitar en el marco del desarrollo capitalista, más aún en el contexto de un capitalismo con un sistema financiero hipertrofiado. El viejo dicho "la ambición rompe el saco" se aplica matemáticamente a este capitalismo financiarizado, aunque acá debemos hablar de bolsas y no de saco. La ambición desmedida e incontrolada es el caldo de cultivo para estas crisis monumentales, en donde las actividades especulativas no sólo son el pan de cada día, también se muestran como las actividades más legítimas, técnica, política y moralmente. Sin embargo, existen los instrumentos de política económica y los mecanismos institucionales y jurídicos que pueden corregir y contener dichas crisis. Eso fue lo que se aplicó en los años treinta como resultado de la Gran Depresión: todo un sistema institucional y de regulación económica cuyo desmantelamiento ha provocado la crisis en curso. Entre otras medidas, habría que considerar impuestos a los flujos de capital internacional, sistemas de encaje que obligaran a los capitales golondrina de corto plazo a mantener un porcentaje de sus capitales en los países de destino de sus inversiones, lo que encarece y castiga las inversiones especulativas; eliminar los famosos paraísos fiscales, obligar a los bancos a la transparencia mediante el término de las operaciones "fuera de balance" que los habilita para ocultar operaciones riesgosas; crear instituciones estatales dedicadas a la clasificación de riesgo que impida los conflictos de intereses. En definitiva, más control y regulación por parte de las instituciones públicas que aseguren el interés ciudadano por sobre cualquier otro objetivo político. No está lejos el día en que vuelvan, en gloria y majestad, las leyes antimonopolio que nunca debieron ser abandonadas.

Esto es, nada más, lo que propone Michael Moore con su especial modo de comunicarse, al exigir que "todas las regulaciones deben ser restauradas" y decretar la muerte de la revolución Reagan quien señalara como marco de sus políticas de desregulación que "El problema no es el Estado, el Estado es el problema". En concreto Moore propone para los Estados Unidos la revocación de la Financial Services Modernization Act de 1999, promulgada por Clinton y promovida por el senador republicano Phil Gramm, principal asesor económico del candidato republicano John McCain. Esta propuesta es muy probable que sea bien acogida en un eventual gobierno demócrata encabezado por Barack Obama.

En lo inmediato, sería posible poner en juego el poder acumulado por los Fondos Soberanos de inversión, creados por los Estados y bancos centrales con recursos procedentes principalmente del petróleo y del gas. Rusia, Noruega, algunos países asiáticos y los Emiratos árabes, han constituido este tipo de fondos cuya envergadura se estima en 3 billones de dólares. Tienen su origen en los años cincuenta bajo la idea de constituir un "fondo para las futuras generaciones" y tienen, como sostiene Ibrahim Warde, características, objetivos y modos de funcionamiento diferentes a los que rigen los fondos especulativos responsables de la presente crisis. Esto y su poder financiero, los hace funcionales a objetivos político-estratégicos distanciados del desenfreno especulativo que caracteriza la economía finaciarizada. De hecho, ya han estado jugando un papel importante en la política de salvataje de los bancos caídos en desgracia a lo largo de los últimos trece meses que ha durado la crisis subprime. Como destaca Warde, en noviembre del 2007, el fondo ADIA de los Emiratos Árabes Unidos compró el 4,9% de Citigroup, primer banco mundial; dos semanas más tarde, el fondo GIC de Singapur inyectaba 10.000 millones de dólares en el grupo suizo UBS, décimo banco mundial. En diciembre del mismo año, el fondo soberano chino CIC adquirió el 9,9% del capital del gran banco de negocios Morgan Stanley; Merrill Lynch recibió 4.400 millones de dólares del fondo Temasek de Singapur. Esto entre otras operaciones que están realizando estos fondos y que hoy, a la luz de la flagrante incapacidad del mercado financiero de resolver los problemas que ha creado en el marco de la desregulación, podrían ser hábil y políticamente utilizados para ordenar el comportamiento de los flujos de inversión internacional.

Otra de las importantes reformas que deberían implementarse, dice relación con las políticas salariales de los altos ejecutivos. Emilio Ocampo sostiene que las compañías y bancos también deberán cambiar su cultura y su estructura de compensaciones y bonos, ya que es improbable que estas instituciones puedan seguir pagando a sus ejecutivos y a sus empleados el 50% de sus ingresos. En la misma dirección Moore exige que "ningún ejecutivo debiera ser pagado más de 40 veces lo que gana su empleado promedio". Las cifras de Moore son estremecedoras: en 1980, el presidente promedio de una compañía ganaba 45 veces lo que ganaban sus empleados; en el 2003 ganaban 254 veces y ahora, después de la era Bush, cobran 400 veces, mientras en Gran Bretaña, el presidente de una compañía promedio gana 28 veces lo que recibe un empleado típico y en Japón sólo 17 veces.

Conclusiones

En un artículo de Victor Ramos, titulado "Derecho a alimentarse, derecho a rebelarse", se sostiene que hace muy poco tiempo, cuando las bombas caían en Irak, en marzo del 2003, las bolsas internacionales, principalmente las europeas y Wall Street, reaccionaban con euforia y que esto habría llevado a reconocer a dirigentes del Partido Popular español (PP), que España había perdido una gran oportunidad al retirar las tropas. La búsqueda de beneficios exorbitantes ha llevado al mundo a un retroceso gravísimo en la estructura de valores que orienta el quehacer humano y ello tiene implicancias monumentales haciendo crecer la desigualdad, la pobreza y la destrucción de los ecosistemas naturales del planeta, incrementando exorbitantemente el índice de dolor y sufrimiento de miles de millones de personas. Cuando la humanidad vuelva a encontrar su centro y se restauren ciertos valores y virtudes humanas que han sido enviadas a la zona de castigo en el curso de los últimos treinta años, muy probablemente lo que ocurre en Wall Street será incorporado al grupo de las grandes calamidades de la historia humana, como lo fueron los campos de concentración nazis, el estalinismo, las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki, el SIDA, el hambre africana y las dictaduras latinoamericanas, entre muchas otras.

Mientras tanto, si bien esta crisis no sea aquella tan esperada por el pensamiento de izquierda tradicional como la "crisis terminal del capitalismo", al menos esperemos que Ignacio Ramonet, uno de los editores de Le Monde Diplomatique, tenga razón cuando sostiene que el derrumbe de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín, con lo que se terminaría con la era iniciada con Ronald Reagan en 1981, poniéndole fin a la "edad de oro" de Wall Street. Si esto ocurre sería todo un logro y un progreso para la humanidad, pero, tal como lo sostiene Paul Samuelson, todo el mundo sabe que, hoy en día, el dinero sirve para comprar votos legalmente. Por eso los realistas matizan su optimismo con cierta cautela.

Referencias

Ignacio Ramonet, El fin de una era del capitalismo financiero. http://www.attac.es/portalattac/index.php?option=com_content&task=view&id=338&itemid=1

Fernando A. Torres, Armagedón desciende sobre el "libre mercado". http://elmapocho.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=543&Itemid=53

Michael Moore, Cómo arreglar el lío en Wall Street. http://viejoblues.com/Bitacora/michael-moore-como-arreglar-el-lio-en-wall-street

Leopoldo Abadía, La Crisis Ninja. http://leopoldoabadia.blogspot.com/search/label/%2B%20ANEXO%201%20Crisis%20NINJA

Victor Ramos, Derecho a alimentarse, derecho a rebelarse.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=73607

Alicia Girón y Eugenia Correa, Mercados financieros globales: desregulación y crisis financieras.
http://www.ub.es/prometheus21/articulos/nautas/25.pdf

Banco de Pagos Internacional, BPI, Informe Nº 78.
http://www.bis.org/publ/arpdf/ar2008_es.htm

Clara Elena Parra y Natalia Salazar, La Crisis Financiera y la Experiencia Internacional.
http://www.colombiestad.gov.co/index.php?option=com_linkdirectory&task=report&id=1250&Itemid=52

John Hoefle, La lección de la debacle de Enron: debe restablecerse la regulación. http://www.larouchepub.com/spanish/other_articles/2002/DebacleEnron.html

Emilio Ocampo, Réquiem para Wall Street. http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1055061

Ibrahim Warde, Los "fondos soberanos" absorben bancos. http://www.lemondediplomatique.cl/Los-fondos-soberanos-absorben.html

Lynn Walsh, Economía mundial: Una crisis pronosticada. http://mundosocialista.net/2008/06/17economia.html

Alicia Girón González, Crisis financieras: causas y efectos. http://www.eumed.net/libros/2005/agg/2.htm

Juan Torres López, Diez ideas para entender la crisis financiera, sus causas, sus responsables y sus posibles soluciones. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=55925

Paul A. Samuelson, Bush y las actuales tormentas financieras. http://www.elpais.com/articulo/opinion/Bush/actuales/tormentas/financieras/elpepiopi/20080128elpepiopi_4/Tes

 Marcel Claude*

Fuente:http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2008100612

2008-10-06

6 Abril 2007

La crisis del estado de bienestar, que comienza a producirse en las sociedades desarrolladas como consecuencia de la globalización y el sometimiento de las políticas económicas, monetarias, laborales y sociales de cada país a las exigencias de los grandes bloques políticos-económicos, ha supuesto el fin de la autonomía del estado para diseñar su propia política económica y sus sistemas de protección social. La política prioritaria de generación de empleo, que ha constituído el eje central de las políticas de bienestar hasta mediados de los años setenta, se ve supeditada a las exigencias monetarias y al funcionamiento del libre mercado, que como resultado del desarrollo de la tecnología de la información, ha adquirido una dimensión sin límites, y los intercambios se producen a escala mundial, dando origen a un movimiento vertiginoso de intercambios de capital, mercancías y personas.

A partir de la década de los años setenta, comienza a producirse un ajuste y reestructuración de los sectores productivos, como resultado de la incorporación de las nuevas tecnologías y del desarrollo de un mercado nacional cada vez más internacionalizado y globalizado. Las planificaciones económicas y las políticas sociales no alcanzan los objetivos previstos debido a los desajustes que se producen en las economías de los países desarrollados, lo que dificulta las previsiones a corto y largo plazo.

La intervención del estado resulta más necesaria durante los períodos de recesión económica, no sólo para dinamizar el mercado sino también para hacer frente a las consecuencias sociales que los desajustes económicos van produciendo, con medidas de política y protección social. Estas actuaciones públicas han originado un fuerte crecimiento del gasto público, como consecuencia de la ampliación de los sistemas de protección social, que se ha producido para evitar que la crisis económica condujera también a una crisis social. El período de ajuste y adecuación de las economías nacionales al nuevo contexto internacional está siendo largo, por eso los estados han ido adquiriendo unos índices de endeudamiento elevados, lo que les ha obligado, en los últimos años, a promover políticas restrictivas que se han concretado en la disminución y descenso de los niveles de protección social. Esta situación ha provocado el debate en torno a la viabilidad del estado de bienestar, a corto y largo plazo, al encontrarse los gobiernos con dificultad para disponer de los recursos financieros necesarios para su desarrollo.

El modelo keynesiano sobre el que se fundamenta el estado de bienestar, y que se desarrolla a partir de la II Guerra Mundial, otorga al estado una función interventora, que se podría concretar en dos ámbitos:

1º) Política económica, por medio de la cual el estado se convierte en un elemento dinamizador del sistema económico, cuyo objetivo prioritario es el mantenimiento de la actividad, impulsando la producción, orientando la política de gasto y de inversión, y corrigiendo los desajustes que se van produciendo. El estado adquiere la función de reactivar la economía, especialmente en los momentos en los que el crecimiento constante no está garantizado, debido a las fluctuaciones a las que se encuentra sometido el mercado.

2º) Política social, a fin de conseguir: a) una distribución de la renta, mediante la financiación de un amplio sistema de servicios sociales de carácter asistencial, y de nuevo sistema de seguridad social, articulado en torno a un principio de reparto, que ha ido sustituyendo al de los seguros privados; b) promover el pleno empleo, estableciendo una política de concertación social que garantice elevados salarios y otras ventajas laborales; y, c) posibilitar los recursos suficientes para fomentar el consumo interno y contribuir al mantenimiento de la productividad.

Ambas políticas, la económica y la social, requieren una política fiscal, basada en un sistema progresivo y personalizado, que permita generar recursos suficientes para financiar la política económica y social.

La intervención del estado, como regulador de la vida económica, se justifica por tres razones: primera, para hacer compatible el modo de producción capitalista -en el que prevalece la lógica del beneficio- y el sistema democrático -en el que prevalece la lógica de la participación y de la redistribución-; segunda, para fomentar la actividad económica y lograr la consecución del pleno empleo; y, en tercer lugar, para evitar el conflicto social -tan intenso en el período anterior a la Segunda Guerra Mundial-, alejando los peligros revolucionarios, y proporcionando unas cuotas de bienestar y seguridad para todos los sectores sociales.

Todo ello, ha supuesto que los estados de las sociedades occidentales avanzadas hayan tenido que desarrollar, durante los últimos años, una política económica basada en inversiones públicas y bonificaciones fiscales, con el fin de garantizar, en primer lugar, los beneficios empresariales y posibilitar los procesos de acumulación de capital, y contribuir de esta manera a reactivar la economía; en segundo lugar, fomentar el empleo, por medio de exenciones fiscales o de subvenciones, y evitar la destrucción masiva de puestos de trabajo, derivada de los ajustes y reconversiones industriales; y, por último, posibilitar unos niveles de ingresos, que permitan el mantenimiento del consumo interior, contribuyendo a dinamizar el mercado y a reactivar la economía, especialmente en los momentos recesivos del ciclo. Pero, a su vez, han tenido que desarrollar, una política social y asistencial, cada vez más amplia, para hacer frente a la desigualdad y marginalidad que el mismo mercado ha ido creando. Una política social, por medio de la cual se desarrollan los derechos ciudadanos reconocidos en las Constituciones de los distintos estados democráticos, y que afectan a áreas sociales, generadoras de bienestar y seguridad, como son la educación, sanidad, pensiones, vivienda,.. Y también una política asistencial dirigida hacia aquellos grupos que se ven más afectados en sus niveles de bienestar por las fluctuaciones del mercado, y por la falta de recursos materiales y personales.


1.2. Crisis del modelo keynesiano y de la socialdemocracia

El modelo keynesiano funcionó sin grandes dificultades hasta principios de los años setenta, debido principalmente al crecimiento económico que experimentaron las sociedades industriales, lo que permitió un fuerte crecimiento del empleo y contribuyó a mejorar las condiciones de protección social. Pero, ya a lo largo de los años setenta -no exclusivamente por causa de la crisis energética, aunque contribuyó y muy posiblemente aceleró el proceso-, comienza a manifestarse la dificultad del estado para controlar la inflación y reducir el desempleo, y compensar, a través de una política económica, los efectos que la crisis energética y el desarrollo de las nuevas tecnologías, estaban teniendo en las economías nacionales.

El modelo se agota políticamente hacia finales de los años setenta, por diferentes causas: 1º) económicas: debido a la caída de la tasa de beneficio. Los procesos de acumulación rápida de capital, de las décadas anteriores, se vieron reducidos ante la incapacidad del estado para poder mantener e impulsar la producción de un mercado nacional, cada vez más condicionado por la globalización, y que requiere un mayor volumen de recursos para poder incidir en el mismo; 2º) sociales: derivadas de la nueva situación demográfica que se produce por la caída de la natalidad y el incremento de la esperanza de vida, lo que ha supuesto un envejecimiento de la población con la siguiente repercusión en el incremento de los gastos de protección social y de carácter asistencial; 3º) organizativas: como consecuencia del final del taylorismo, como proceso y forma de organización del trabajo, a causa de la influencia que las nuevas tecnologías tuvieron en el sistema productivo y distributivo, y su repercusión en la estructura ocupacional; 4º) políticas: debido a la crisis financiera del estado, que no dispone de los recursos suficientes para hacer frente a las exigencias del mundo empresarial, que demanda una política económica que garantice beneficios, y a las demandas ciudadanas que reclaman una ampliación de las coberturas de bienestar, especialmente en los momentos regresivos del ciclo económico, a fin de disminuir sus efectos en los niveles de protección y calidad de vida; 5º) ideológicas: al producirse una deslegitimación del orden político establecido, en la manera en que el estado deja de responder a las expectativas y demandas de los distintos grupos de presión, y de la población en general. El largo período recesivo por el que han pasado las economías occidentales no ha permitido que el gasto público, que ha ido aumentando progresivamente, pudiera ser compensado con los ingresos fiscales, lo que ha ocasionado un elevado déficit público en la mayor parte de los estados.


1.3. Declive de lo público

El libre mercado se convierte en el eje del funcionamiento de la economía neoliberal de final de siglo, y ello conlleva la crisis de lo público, cuya actividad se ha ido reduciendo a aquellos sectores de productividad menos rentables, deficitarios y que están relacionados con la protección social y asistencial, o con la prestación de determinados servicios ciudadanos que no interesan por la escasa o nula rentabilidad a la iniciativa privada. El estado se convierte en subsidiario de aquellas actividades que al ser poco competitivas no interesan a la empresa. Por otra parte, la consolidación de un sistema de mercado global ha llevado consigo la privatización de sectores de productividad, de carácter estratégico, que hasta entonces un porcentaje importante de los mismos o era propiedad del estado o su actividad estaba sometida a una legislación específica, como por ejemplo, sucedía con las empresas energéticas, comunicaciones, telecomunicaciones ....

La consolidación del mercado globalizado ha supuesto, por tanto, en la mayor parte de los países desarrollados la crisis de las políticas públicas de desmercantilización y el desarrollo de un proceso de privatizaciones que ha afectado principalmente a aquellas ramas de productividad que, como consecuencia de la implantación de tecnología avanzada, son más rentables y tienen una dimensión más competitiva en un mercado globalizado. Nos encontramos en una etapa de remercantilización social, que ha originado lo que se ha denominado el ‘declive de lo publico’, y que ha supuesto la desmantelación del estado de bienestar, o al menos, del modelo existente en los años sesenta.


1.4. Carácter transnacional de las economías nacionales.

La situación económica mundial que se produce a partir de la década de los años ochenta constituye un claro ejemplo de interdependencia de los mercados, principalmente financieros, que obliga a cada estado-nación en las sociedades desarrolladas, a condicionar al mismo las políticas monetarias, crediticias y presupuestarias.

El estado-nación ha ido perdiendo paulatinamente el control sobre su propia política económica que está condicionada por las exigencias de convergencia y competitividad que se van imponiendo entre los países de las áreas más desarrolladas. Un nuevo control supranacional sobre las políticas económicas nacionales se está produciendo por parte del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.


2. Una interpretación teórica de la crisis

El centro de la polémica radica en la función que cada estado debe tener en una sociedad globalizada, internacionalizada y, por tanto, interdependiente. ¿Cuál debe ser el nivel de intervención del estado en unos mercados nacionales cada vez más condicionados y determinados por los grandes acontecimientos económicos, políticos y sociales que afectan a las naciones más desarrolladas?. ¿Cómo se está produciendo la legitimación del poder en una sociedad sometida a unos cambios constantes, que afectan a la estructura política, económica, social, cultural,...?. Se trata de un debate esencialmente ideológico, que ha dado lugar a diversos planteamientos.

El pensamiento conservador , representado por Hayek, Friedman, Nozick, Nisbet, entre otros, consideran que el origen de la crisis del estado de bienestar se encuentra en el papel protagonista que la administración pública tiene en la sociedad civil, y que es analizado desde una triple dimensión:

1º) Económica. El origen de la crisis hay que buscarlo en la forma de intervención del estado en la economía, y concretamente en el excesivo gasto público, para compensar los desequilibrios sociales, que aparecen como resultado de los desajustes del mercado, y que han provocado unas pérdidas masivas de empleo, lo que supone la minoración de los recursos públicos que resultan necesarios para el relanzamiento de la actividad productiva. El incremento del gasto es también consecuencia del crecimiento de la burocracia estatal, debido a la expansión de los servicios sociales públicos, y del aumento de las subvenciones y subsidios a grupos marginales, realizados por el estado para evitar las situaciones de exclusión total. La raíz de los desajustes y conflictos de la sociedad del bienestar se encuentran, por tanto, en la política de intervención estatal y en el excesivo uso de los recursos fiscales para solucionar los desequilibrios económicos y sus repercusiones sociales.

2º) Cultural. La crisis también es consecuencia de las actitudes sociales y psicológicas negativas que la expansión y generalización del bienestar han producido en los ciudadanos. El análisis conservador señala como la causa del conflicto actual la falta de disciplina personal, ética y laboral imprescindibles, según Max Weber, para el desarrollo y continuidad del sistema capitalista. La tendencia igualitarista de las sociedades de bienestar ha provocado la ruptura de los fundamentos sobre los que se mantiene la sociedad capitalista: la estructura social y las instituciones básicas, como la familia y el sistema educativo, que desarrollan funciones de socialización y de integración social.

3º) Política. La crisis económica, social, cultural y de valores está afectando también a las instituciones políticas. El estado, en lugar de ser una institución neutral, como defendían los economistas teóricos de la Hacienda Pública, está sometido a las presiones y al poder de los principales grupos sociales y económicos: sindicatos, organizaciones empresariales y partidos políticos.

La alternativa neoconservadora se centra en lo que considera que es el origen de la crisis, es decir, el modo de intervención del estado en la sociedad, y propone una política de intervención mínima del sector público en materia social, cultural y educativa. La excesiva intervención del estado en cuestiones sociales minora los recursos necesarios para la reactivación económica, lo que provoca una disminución del nivel de competitividad y productividad, y contribuye a la pérdida de la disciplina laboral y a la disminución de la moral de ahorro y esfuerzo. Todo este contexto ha producido situaciones de ingobernabilidad y conflicto, por lo que es necesario establecer unos límites a la tendencia igualitaria y redistributiva del estado.

La propuesta de la corriente conservadora plantea como punto de partida: en primer lugar, la oposición a cualquier planificación social, de carácter público; en segundo lugar, la defensa del sistema capitalista, identificado con el sistema democrático; y, en tercer lugar, reducir la intervención del estado, a corregir los "imprevistos" y contribuir así al funcionamiento del mercado, estableciendo una normativa de carácter universal que proteja la libertad económica. La función del estado debe limitarse, por tanto, a apoyar las relaciones mercantiles, para lo que resulta necesario apoyar la producción privada, disponer de recursos fiscales suficientes para la reactivación del mercado, garantizar los beneficios al capital y contar con la legitimación democrática suficiente. El análisis teórico que hace Friedman[1] es un ejemplo de ello.

Esta propuesta supone, de una manera implícita, el rechazo de la sociedad del bienestar, entendida como sociedad de masas, y la supresión de las políticas sociales y distributivas y el establecimiento, por el contrario, de una estructura social que se fundamenta en el principio de rivalidad y competitividad, frente a la tendencia igualitaria, promovida por el estado de bienestar. El discurso conservador conduce a las viejas formas de mercado, lo que contrasta con el modelo de sociedad de bienestar, con el que se han conseguido, a lo largo de su desarrollo histórico, unos logros que ya no pueden ser considerados como privilegios sino como derechos sociales, políticos y culturales propios de las sociedades democráticas. En los países en los que, durante los últimos años, se ha desarrollado una política conservadora se ha conseguido efectivamente una reactivación económica más rápida, pero a costa de la disminución de los sistemas de protección social, y el consiguiente aumento de las diferencias sociales, lo que está produciendo un incremento de la conflictividad por la dualidad social que está provocando.

La alternativa neocorporativa tiene una mayor incidencia en los paises del norte y centro de Europa a partir de la década de los setenta, y en los países mediterráneos en la década siguiente. El estado, a través de negociaciones informales, trata de controlar el conflicto producido entre los intereses de los grupos económicos. Los neocorporativistas Panitch, Lembruch... -entre otros- presentan una alternativa a la crisis del estado basada en dos ámbitos de actuación: 1º) Económico. Para superar las contradicciones de la sociedad de bienestar, el estado debe tratar de restablecer el equilibrio del mercado, excluyendo aquellas reivindicaciones excesivamente políticas, e institucionalizando plataformas informales de negociación entre las organizaciones empresariales y sindicales; y 2º) Político. El estado debe convertirse en promotor de nuevas estrategias para dirigir las relaciones políticas y económicas del sistema, canalizando la tensión que se produce entre los procesos de acumulación de capital, la participación política y la demandas ciudadanas de redistribución de la renta y de incremento de las prestaciones sociales. Para ello, debe proponer alternativas eficaces y racionales para la solución de los problemas sociales.

En momentos de crisis y ajuste económico y social como los que se han ido produciendo a lo largo de las dos últimas décadas, la postura neocorporativista ha ido teniendo una mayor incidencia, a nivel macroeconómico y social, a través de política de rentas, acuerdos sobre reconversión industrial, pacto por el empleo, política sanitaria, educativa... Es el mismo estado el que promueve políticas neocorporativistas para lograr una mayor eficacia y racionalidad en la solución de los diferentes problemas, haciendo participar en su resolución a los distintos agentes sociales y grupos económicos.

En contra de las posiciones más conservadoras, la sociología crítica explica la crisis del estado de bienestar a través del desarrollo de las sociedades capitalistas tardías. Habermas[2] lo hace desde una triple dimensión:

1º) Económica. Los constantes ajustes económicos que se están produciendo en los últimos años en las sociedades capitalistas avanzadas constituyen un claro ejemplo de que la forma de intervención del estado, en lugar de reactivar el sistema productivo y corregir sus desajustes, responde a las leyes económicas que operan en el mercado, y por tanto, se encuentra sometida a la propia lógica de la crisis. El estado, a través de la política redistributiva, no ha conseguido contrarrestar los efectos sociales derivados de los procesos de acumulación y especulación capitalistas, por lo que la crisis económica ha generado a su vez una crisis social, lo que ha producido un resurgimiento de las luchas políticas y de clases.

2º) Política. La crisis política es analizada por Habermas a través de los conceptos de "racionalidad" y "legitimidad", que interactúan entre sí. Se debe considerar una actuación racional por parte del estado cuando su política económica y social responde a los intereses generales y colectivos. El origen de la crisis de racionalidad es, por tanto, un problema de primacía de intereses. La racionalidad se puede medir por la capacidad del poder para que sus decisiones sean universales y no particulares y, por tanto, el consenso constituye el principio formal de la racionalidad. Cuando se reprimen los intereses generales y prevalecen los de los grupos de presión más poderosos, es cuando el poder debe buscar nuevas formas pseudolegitimadoras, y se produce una crisis de racionalidad. La legitimidad del estado se basa en el mismo proceso democrático, es decir, si el poder se ha constituido conforme a la legalidad y, si su actuación es racional. Por ello, cuando su intervención no alcanza el nivel de realización de expectativas deseado por los ciudadanos, se produce un problema de legitimación, y disminuye su nivel de lealtad y apoyo. La deslegitimación del estado se produce cuando su actuación política no sigue los principios de racionalidad. La alternativa a la crisis del estado es la restauración de la relación legitimidad-racionalidad.

3º). Sociocultural. La crisis sociocultural es también una crisis de motivación. Las aspiraciones de libertad y de igualdad, son compartidas por la mayoría de los ciudadanos del mundo desarrollado. Pero en la medida en que esta moral es aceptada universalmente, las estructuras económicas, políticas, sociales... del sistema capitalista entran en contradicción con ella. Por eso, la crisis de legitimación debería conducir a un nuevo "modelo social", capaz de motivar una nueva adhesión y aceptación general del mismo. La alternativa consiste en el restablecimiento del consenso como principio formal de racionalidad, y que las decisiones del estado respondan a intereses universales y colectivos.

Estos problemas y contradicciones que aparecen en la sociedades de bienestar están produciendo la "deslegitimación" del estado como resultado de la falta de eficiencia en su actuación, y concretamente cuando reduce las políticas sociales por la presión de grupos particulares, y en contra del interés colectivo. Esta situación está conduciendo a la quiebra de la racionalidad colectiva, como consecuencia de la descompensación que se produce entre la política económica y la social.

Claus Offe[3] considera que la crisis del estado de bienestar se debe a un deterioro del proyecto político, que se ha ido produciendo por la incapacidad de los gobiernos para aplicar programas preventivos en política económica, en lugar de políticas compensatorias posteriores. La ineficaz política redistributiva ha provocado nuevos colectivos de marginados, lo que ha producido un desconcierto social e incrementado la desmotivación colectiva. Resulta necesario, por tanto, la aceptación, por parte de todos los grupos sociales, de las reglas legitimadoras de los estados constitucionales y democráticos, y de las políticas y medidas gubernamentales que canalicen las demandas ciudadanas respecto a la redistribución de la riqueza y la ampliación de las coberturas de protección social.

Partiendo de un análisis de las sociedades desarrolladas dentro del contexto del sistema mundial, Giddens[4] considera que el estado de bienestar, en su configuración actual, no está siendo capaz de dar respuesta a los grandes cambios, y a la nueva situación social que se ha producido en los países desarrollados, y que ha afectado principalmente, en primer lugar. al trabajo. El estado de bienestar se propuso, como objetivo prioritario, la consecución del pleno empleo, pero principalmente el de los hombres, dado que a la mujer se le adjudicaba una función doméstica dentro del ámbito de la familia. La idea del pleno empleo se basaba en la importancia económica de la producción en serie, y en la organización centralizada entre el capital y el trabajo asalariado. La situación actual ha experimentado unos cambios considerables, que han afectado al incremento de la demanda de empleo femenino, al mismo concepto de trabajo y a las circunstancias en las que éste se produce, junto a las posibilidades de empleo en función del sexo y al trabajo femenino y su repercusión en la familia.

En segundo lugar, también ha afectado a la idea de solidaridad, ya que el nuevo contexto de globalización económica ha contribuido a la ruptura de la idea de solidaridad nacional, sobre la que se fundamentaba el estado de bienestar. De la idea de reparto, y de solidaridad intergeneracional, en la que se basaban los sistemas de protección social, se está pasando a la idea de capitalización y de privatización de determinados servicios de bienestar.

En tercer lugar, las nuevas situaciones de clase. La situación de clase estaba unida a una experiencia y acción comunitaria concreta, dentro de un área local, y en ella se desarrollaba la solidaridad. Las nuevas formas de distribución del trabajo, y las circunstancias y contexto en el que éste se desarrolla, ha contribuido a la disminución de este sentido de solidaridad. La clase actualmente se personaliza y cada vez se percibe menos como destino colectivo, y más como una limitación. El individuo se relaciona con el sistema de clases, no como productor sino como consumidor. El estilo de vida se ha convertido en indicador de la clase social a la que se pertenece, al igual que en tiempos pasados fue la posición dentro del orden productivo. La inclusión o exclusión del mercado laboral es ahora lo determinante.

En cuarto lugar, el nuevo contexto político y socioeconómico producido ante los nuevos riesgos. La política de protección social del estado de bienestar ha estado dirigida principalmente a la gestión de riesgos externos, que pueden ser previstos y calculables, y se refieren a riesgos ya ocurridos -vejez, enfermedad...-, o que van a producirse en un futuro próximo. Con la nueva situación mundial aparecen riesgos fabricados, cuyas repercusiones son imprevisibles -por ejemplo, el deterioro ecológico, la contaminación, las presiones migratorias de los países subdesarrollados hacia el mundo desarrollado, los enfrentamientos bélicos...-. Esta situación, está desbordando los planteamientos y alternativas estrictamente nacionales, y exige respuestas a nivel internacional con políticas a largo plazo, basadas en la solidaridad entre los pueblos.


3. El estado-nación en un contexto globalizado: el futuro de la sociedad del bienestar

El estado de bienestar está determinado por la problemática coyuntural que está afectando a los países desarrollados y al contexto mundial, y en particular por la globalización como condicionante estructural. Según Rodriguez Cabrero[5] el estado de bienestar ha sido históricamente un mecanismo institucional de regulación del capitalismo en su fase de expansión, pero, a finales de los setenta, comienza a ser considerado, por una parte, como un obstáculo para la globalización, pero por otra, sigue siendo un mecanismo compensador de los costes sociales. La globalización de la economía, ha supuesto, en primer lugar, el agotamiento del modelo keynesiano ante los profundos cambios producidos en el mercado mundial, y la aparición de movimientos especulativos y políticas competitivas a gran escala, que impiden el crecimiento económico constante, que había posibilitado el desarrollo y funcionamiento del estado de bienestar. En segundo lugar, la expansión de las nuevas tecnologías, que han acelerado la crisis del modelo, que han transformado los procesos productivos y sistemas distributivos, afectando al mundo del trabajo y a su organización. A esto hay que añadir los efectos de la desaparición del socialismo real, ocurrido tras la desintegración de la U.R.S.S. a finales de los años ochenta, que era un obstáculo a la mundialización de la economía y a la expansión del sistema capitalista. Pero esta globalización está produciendo una serie de contradicciones, que están afectando a las relaciones entre el norte y el sur -del enfrentamiento entre Este-Oeste se ha pasado al enfrentamiento entre los países ricos y países pobres-, y ha dado origen a una dualización social dentro de los mismos países desarrollados, al crear diferentes espacios de bienestar y provocar situaciones crónicas de exclusión social.

El estado de bienestar futuro tendrá que dirigir su intervención hacia los riesgos fabricados, derivados de la situaciones de dominación que se mantienen sobre el Tercer Mundo, y cuyas repercusiones a largo plazo se desconocen y no pueden evaluarse adecuadamente. La explotación económica del Tercer Mundo ha beneficiado y ayudado, durante siglos, a la expansión económica de los paises desarrollados, a través del mantenimiento de unos precios baratos de las materias primas y de la mano de obra, lo que ha producido una situación de dominación y dependencia económica y tecnológica. Es urgente, por tanto, un replanteamiento de las actuaciones de los países industrializados respecto a los subdesarrollados. Los Programas de actuación, deben procurar un desarrollo alternativo, basado en políticas generativas y en el fomento de actividades ya existentes en el mismo lugar.

Asimismo deberán tenerse presente los nuevos riesgos sociales y económicos que aparecen en cada país, como consecuencia del envejecimiento de la población, y el consiguiente incremento de los gastos de protección social: pensiones, asistencia sanitaria, ayuda personalizada... y de los cambios producidos en el ciclo formativo y laboral de la población, y que afectan a los procesos educativos, que cada vez son más largos, a la incorporación a la actividad laboral, que se produce a una edad más tardía, y al adelantamiento de la edad de jubilación. Esto supone la disminución del período medio de actividad por persona, lo que en conjunto significa mayores gastos sociales y menos recursos fiscales para el estado. A ello, habría que añadir los nuevos riesgos que se están produciendo por el impacto de la mundialización en la economía nacional, es decir, la repercusión que los procesos de globalización están teniendo en las economías de los países desarrollados, como consecuencia de la competitividad mundial, de los movimientos especulativos...

Por otra parte, tampoco se pueden olvidar las nuevas desigualdades y cambios en la estructura social, derivados de: 1º) el cambio que se ha producido en la estructura familiar, concretamente por la incorporación de la mujer a la actividad laboral y por las nuevas situaciones familiares, producidas por el aumento de divorcios y la aparición de otras formas de convivencia; 2º) las nuevas formas de desigualdad y de pobreza, asociadas a los procesos migratorios y sus problemas de integración, la extensión de familias monoparentales y a la descualificación profesional y exclusión social. 3º) las nuevas desigualdades por los cambios producidos en la estructura social, y los efectos del paro estructural, que está afectando especialmente a colectivos muy específicos: jóvenes y mayores de 45 años, con bajo nivel de cualificación. 4º) la dualización social que aparece como resultado de la extensión de la economía sumergida y, de los cambios en la organización del trabajo debido a la implantación tecnológica.

De lo anteriormente expuesto, se puede deducir que lo que verdaderamente está en crisis es el modelo económico y la idea de crecimiento ilimitado como generador de bienestar y calidad de vida. El crecimiento resulta indispensable para hacer frente a las necesidades cambiantes y siempre crecientes, prototipo de la cultura del bienestar, pero los niveles de consumo alcanzados en los países desarrollados, no han logrado la realización de muchas de las necesidades humanas: autorrealización, seguridad, estabilidad personal y laboral... Es necesario pensar, por tanto, en un modelo de sociedad en el que el crecimiento económico no sea un fin en sí mismo sino un medio para dar respuesta a las necesidades humanas y, por tanto, esté condicionado a su satisfacción.

Las crisis cíclicas que están experimentando las sociedades avanzadas están cuestionando la racionalidad del crecimiento indiferenciado del sistema capitalista. La experiencia, en esta última fase de desarrollo del capitalismo, está demostrando que la abundancia no conduce necesariamente al bienestar y a la calidad de vida, que la economía no puede crecer de forma indefinida a causa de los límites físicos de la propia naturaleza, y que el problema económico fundamental no es el crecimiento sino la distribución de bienes y recursos.

Unicamente es posible salir de esta crisis, a largo plazo, a través de unas estrategias globales de cambio, que deben producirse a nivel mundial, y que suponen necesariamente el establecimiento de un nuevo marco general de cooperación y una nueva actitud respecto de la naturaleza y de la utilización de sus recursos, basada en la armonía y no en la dominación, y hacia las generaciones futuras, a fin de que el bienestar actual no hipoteque el suyo.


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20 Marzo 2007

A buen entendedor, pocas palabras. Alguien dijo que negar el Socialismo es como cuestionar la Penicilina.
Daniel C. Bilbao (Asociación Internacional Diáspora Vasca (AIDV)) [17.03.2007 01:50] - 105 lecturas - 1 comentarios


Daniel C. Bilbao

Según el economista Theotonio dos Santos, el auge económico mundial se debe a la robotización y a la posibilidad de reproducir las mercancías a costo ínfimos. «Con la robotización y los nuevos materiales, los precios de los productos industriales bajan drásticamente, los gastos mayores están en las áreas de investigación y desarrollo, marketing, gestión. Esta situación abre camino a la copia de productos a precios ínfimos. Los monopolios se ven frente a frente con una rebaja drástica de las barreras de entrada. Las nuevas potencias empiezan a amenazar los monopolios centrales de la economía mundial y los excedentes financieros conseguidos con los superávits comerciales substituyen a los poderes económicos que se pensaban totalmente estables.»

El fenómeno se da con extraordinaria fuerza en los nuevos mercados, que pasaron a competir con los mercados centrales, los cuales han comenzado a desestabilizarse. Sobre este asunto, el autor deja una reflexión inquietante: «Están aseguradas las condiciones para un boom económico de mediano plazo. Este es el periodo actual. Crecimiento económico con tendencias deflacionarias y caída de costes de inversión a nivel mundial. Desvalorización de la enorme masa de capital financiero acumulado en el periodo recesivo. Lucha creciente por el control de la economía mundial. Los que creen que un largo auge económico significa tranquilidad al contado están muy engañados».

La referencia está dirigida, sin dudas, a China e India, realidades emergentes de una potencialidad extraordinaria. Japón y los "tigres asiáticos" son socios menores por sus nulas posibilidades geopolíticas de convertirse en potencias hegemónicas. También debe pensarse en una Unión Europea que participe en esta carrera.

Este proceso de expansión económica requiere -o incluye necesariamente-mantener y aumentar los márgenes de beneficio del capital, conservando bajos los salarios, el nivel de ocupación y los precios de los productos de los países del Tercer Mundo. Ya no hay derechos sino rígidas y sacrosantas leyes del mercado. De eso se trata, de crear riqueza abaratando el trabajo y estrechando los márgenes de la distribución social. Esta es la forma de crear riqueza que tiene la globalización. Así lo reconocen un premio Nobel muy escuchado como Joseph Stiglitz, o los representantes de la poderosa banca de negocios estadounidense Lehman Brothers.

Lo explicó didácticamente Stiglitz, hace un mes en Madrid, en la conferencia de presentación de su nuevo libro "Cómo hacer que funcione la globalización": Según su análisis, los trabajadores chinos nunca tendrán el nivel salarial de los europeos. Por el contrario, los europeos no especializados ganaran dentro de poco tiempo como los chinos, asegura. Es decir, la expansión económica no va en beneficio de los trabajadores.

El auge de la economía mundial viene acompañado de una profundización de la injusta distribución de la riqueza, pero a niveles insostenibles. El enriquecimiento desigual a nivel mundial, a costa de bajos salarios, es creciente como reflejan los índices bursátiles. Hasta los propios agentes impulsores de la globalización financiera, perciben que es insostenible la situación. Uno de sus mentores norteamericanos, de la Lehman Brothers, decía en una conferencia, poco tiempo atrás: "Se están creando diferenciales de riqueza que probablemente no son tolerables a la larga y requieren alguna - no voy a utilizar la palabra redistribución porque no es una palabra bonita - pero sí algunos cambios, probablemente mediante el sistema fiscal en algún momento".

Después de dar este nuevo giro, volvemos al mismo punto de siempre: el problema de la distribución de la riqueza creada. Siempre el mismo y viejo dilema, el pecado original del capitalismo: producción colectiva, apropiación individual. El capitalismo no ha podido, no puede, resolver el problema de la ausencia de bienestar de la población mundial. Dejó de ser el motor revolucionario de la economía de los tiempos de la Revolución Industrial para convertirse en el causante de las peores calamidades y amenazas que padece hoy la sociedad humana.

El discurso de la globalización impuso la idea de la existencia de un dios mercado, incontestable, supremo, irremplazable, y ató la democracia burguesa a la suerte de este dios en base a la teoría del derrame. El progreso social sería, según este discurso, consecuencia del desarrollo exitoso del mercado; de lo contrario, la democracia se resentirá. Pero ¿puede haber democracia sin progreso social? Desde ya que no. Las conclusiones son tan evidentes que sólo el accionar violento, masivo y desesperado de los medios de desinformación del sistema están retrasando su comprensión por las más amplias masas. Es urgente un nuevo modo de organizar la producción y un nuevo sistema de distribución de la riqueza.

*Daniel C. Bilbao es periodista, escritor y coordinador general dela Asociación Internacional Diáspora Vasca (AIDV)

7 Marzo 2007





Pese a ser una de las economías que más han crecido en el mundo, 950 millones de personas en China malviven con menos de 2 dólares al día, 8.000 personas son ejecutadas cada año y no existe libertad religiosa. Sin derechos laborales, con jornadas interminables y salarios de miseria, China se ha convertido en una inmensa subcontrata que genera cuantiosos beneficios al capitalismo financiero internacional
En los últimos años escuchamos a nuestros políticos y economistas hablar sobre la necesidad de dar respuesta a la deslocalización de nuestras empresas aumentando nuestra competitividad, innovándonos y adaptándonos a los nuevos tiempos, a la nueva economía. Parece como si la culpa de todo la tuviera el trabajador que no quiere aprender, formarse, reciclarse. Pero poco se habla de la realidad, de la situación en que viven millones de trabajadores chinos. Intentemos conocer más de la situación de China, una dictadura al servicio del imperialismo internacional, y que esta generando cuantiosos beneficios al capitalismo financiero.

El proceso de producción con bienes de alta tecnología esta controlado por las economías del Norte

China es un país con 1.300 millones de personas de las cuales 750 millones se encuentran en áreas rurales y 200 millones están subempleadas. Esto garantiza durante largo tiempo una mano de obra que puede ser explotada para producir a bajo coste.

El 70% de las exportaciones que se realizan en China son ropa, juguetes, zapatos, muebles y bienes de tecnología limitada (fotocopiadoras, microondas, etc.). Por el contrario los productos que necesitan una alta tecnología se realizan básicamente en las economías de alta renta como Japón, Europa y EEUU.

La combinación de tecnología, de comunicaciones e informática ha permitido el acceso a nuevas formas de producción. Las grandes empresas multinacionales subcontratan en China y explotan la marca, gestionan la actividad logística, el diseño, las ventas y el marketing. Un negocio redondo, teniendo en cuenta además que los precios de sus productos se han mantenido altos.

Un ejemplo claro lo vemos en la industria del calzado. Si en el 2002, China tenía una cuota en el mercado internacional del 6%, en el año 2005 se elevó hasta el 22%, mientras que los productores de la Unión Europea bajaron del 54 % al 29%.

China obstaculizó una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para detener las matanzas tribales en Dafur

Consecuencia del rápido crecimiento económico es que China necesita aprovisionarse de materias primas para mantener su nivel de producción. En los últimos años China ha establecido fuertes lazos comerciales con países africanos para diversificar sus fuentes de aprovisionamiento de gas y petróleo. En 1996, China National Petroleum Corporation, se hizo con el 40 por ciento de la concesión en Sudán contribuyendo a la construcción de un oleoducto y una refinería . Pasos similares se han dado en Angola en 2004 y en Nigeria y está en negociaciones con Argelia, Níger, El Chad, Gabón y Guinea Ecuatorial. En Sudán, China obstaculizó una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para detener las matanzas tribales en Dafur apoyando así al gobierno en su control por los ricos recursos del sur del país. Y es que China importa el 10% de todo su petróleo de Sudan, exporta armas, y no quiere enemistarse con el gobierno del país.

Iberoamérica también esta en el punto de mira del gigante asiático. Más de un 25% de la producción de cobre de Chile esta siendo consumida por China. Y la producciones de soja de Brasil y Argentina están creciendo por la demanda asiática.

Agricultores expulsados de sus tierras por el gobierno chino

El crecimiento en China ha producido un importante movimiento migratorio tanto dentro del país como de otros países asiáticos vecinos. En China se ha producido un lento trasvase del campo a la ciudad a medida que la industria china ha ido necesitando más trabajadores. Si en 1990, había casi 400 millones de trabajadores en la agricultura, 150 en la industria y 125 en el sector servicios, en 2004 los trabajadores en la agricultura habían disminuido hasta 350 millones, 170 trabajaban en la industria y 230 millones lo hacían en los servicios.

Algunas estimaciones calculan el número actual de inmigrantes sin permiso de residencia entre 100 y 150 millones. Los trabajadores que emigran del campo a la ciudad no tienen permiso para llevar a sus familias, y viven en condiciones deplorables, cerca de los centros de trabajo con largas jornadas de trabajo y una precariedad casi absoluta.

En marzo de 2006, el vice-ministro de agricultura reconoció en declaraciones a la prensa que más de 133.000 hectáreas de terrenos agrícolas se reconvierten cada año dejando a más de un millón de agricultores chinos sin trabajo.

Crecimiento de las desigualdades y enriquecimiento del Norte

Otra de las consecuencias del rápido crecimiento económico chino es que las desigualdades han ido creciendo. Aunque los datos no son muy fiables, un 10% de la población posee el 41% de la riqueza. 250 millones de personas viven con menos de un dólar al día y 700 millones lo hacen entre 1 y 2 dólares al día. Las diferencias de salario por habitante han pasado de ser 2,5 veces mayor en el medio urbano que en el rural en 1997 a ser 3 veces más en el año 2004.

El gobierno chino mantiene un control sobre el tipo de cambio, los salarios y los precios de venta. Las reservas de divisas fruto de las exportaciones de productos baratos no han repercutido en mejoras sociales para la población china, como mayores inversiones en educación, sanidad o seguridad social. Por el contrario, existe un acuerdo tácito entre el gobierno de China y el de Estados Unidos. Este sigue adquiriendo productos de China sin que los mismos se encarezcan y China adquiere bonos de deuda norteamericana a tipos bajos con los que EEUU financia su déficit comercial. El país exportador financia el consumo del país importador.

La política de un solo hijo impuesta por el gobierno comunista ha llevado a un envejecimiento de la población en un país donde la seguridad social, y los sistemas de previsión son poco significativos. En los próximos 20 años se prevé que el 58% de la población supere los 40 años frente al 38% actual. ¿quién se hará responsable de todas estas personas si se ha destruido a la familia con políticas abortistas y de control de la natalidad?

Cada año se ejecutan en China 8.000 personas

China se ha convertido en la gran subcontrata que el imperialismo transnacional necesita. Paradójicamente, ha sido un país comunista el que ha logrado la “proletarización” de la economía mundial. Muchos trabajadores han visto reducir sus salarios y empeorar sus condiciones laborales ante la amenaza de nuevas deslocalizaciones.

China es una dictadura que ejecuta cada año a 8.000 personas, dieciséis veces más a lo que acumulan el resto de los países del mundo con 500 ejecuciones. El macabro espectáculo de la venta de órganos de estos presos ejecutados ya ha sido denunciado por diversas organizaciones y en la página solidaridad.net. No existe libertad religiosa. Muchos católicos son encarcelados y perseguidos por profesar su fe. No existe libertad de información. Yahoo ha sido acusada de ayudar a localizar a un periodista local y tanto esta empresa, como Microsoft y Google practican la censura en la información que suministran para contentar al gobierno chino y poder seguir haciendo sus negocios.

Y es que “poderoso caballero es don dinero” y nada de esto parece importar cuando se trata de hacer negocios. Si en 1980 solo existían vuelos directos desde China con seis países, en la actualidad se puede viajar a más de 55 países del mundo fruto de la apertura de relaciones diplomáticas.

Los juegos olímpicos se van a celebrar próximamente en el 2008, y no parece que ningún gobierno este dispuesto a jugársela por denunciar las constantes violaciones de derechos humanos.

Autor: MARÍA AHUMADA- Fecha: 2007-03-05
www.solidaridad.net

7 Marzo 2007

Por: Susana Merino
ARGENPRESS.inf
Fecha publicación:01/08/2005


Este club que acaba de cumplir 50 años, fue concebido en 1954 con el objetivo de ´fortalecer la unidad atlántica, frenar el expansionismo soviético, fomentar la cooperación y el desarrollo de los países del área occidental´ con el apoyo de la banca Rotschild, Rockefeller y Kissinger, de cuya directiva, bautizada por alguien como ´los sumos sacerdotes del capitalismo´ siguen siendo conspicuos miembros.
Poco se sabe del Club Bilderberg una de las organizaciones rectoras de las finanzas, el comercio, la política y las relaciones internacionales mundiales y no simplemente porque sus deliberaciones sean celosamente custodiadas y ocultadas a la prensa por tratarse según lo declaran sus propios miembros de un club privado, sino porque sus decisiones tienen tal incidencia en el devenir del mundo que de trascender quedarían claramente identificados como los mayores responsables (aunque nadie ignora que lo sean) del demoledor avance del imperialismo y del capitalismo trasnacional y por lo tanto de sus nefastas consecuencias no solo sobre la humanidad sino también sobre el planeta.

Este superexclusivo club constituye algo así como el cerebro del G8. Suele reunirse en el mes de mayo, generalmente en vísperas o previamente a las reuniones de este, lo que ya de por sí resulta altamente significativo puesto que quienes lo integran son también parte importante del team que lidera dicho grupo: directivos de France Telecom, la Banca Morgan, Coca Cola. The Wall Street Journal, Danone, AOL Time Warner, Bundesbank, Banco Mundial. UNILEVER, Wolkswagen, Royal Ducht Shell, PepsiCo, Daimler Crysler AG, Citibank, el gobernador del Banco de Francia, el del Banco Central europeo, consejeros y primeros ministros de los gobiernos involucrados cuyas decisiones pasan luego a formar parte de las resoluciones que públicamente luego resuelve adoptar el grupo de los ocho.

Primera reunión del Club Bilderberg en 1954.

Este club que acaba de cumplir 50 años, fue concebido en 1954, por el príncipe Bernardo de Holanda, padre de la actual reina de los Países Bajos con el objetivo de "fortalecer la unidad atlántica, frenar el expansionismo soviético, fomentar la cooperación y el desarrollo de los países del área occidental" con el apoyo de la banca Rotschild, Rockefeller y Kissinger, de cuya directiva, bautizada por alguien como "los sumos sacerdotes del capitalismo" siguen siendo conspicuos miembros.

Su núcleo central es el Steering Comittee, o Comité Directivo que a su vez en función de la agenda temática que formula para sus reuniones puede invitar a sus reuniones anuales a una o dos personas más, sin llegar a superar los ciento cincuenta asistentes y que fue presidido durante mucho tiempo por lord Peter Carrington, ex secretario general de la OTAN. Cuenta asimismo con un Consejo de sabios (que integró Giovanni Agnelli, el fallecido patrón de la FIAT e integra aún David Rockefeller, presidente del Chase Manhatan Bank) y un Consejo de representantes de las principales potencias. Entre los temas tratados últimamente han trascendido el de la energía nuclear y el de la biotecnología, ya que en los últimos años han comenzado a emitir algunos comunicados de prensa consignando los asuntos tratados.

No todos los miembros figuran oficialmente en los listados que llegan a la prensa pues algunos de los asistentes prefieren permanecer en el anonimato, aunque la revista The Economist señaló hace algunos años que "cuando alguien hace escala en Bilderberg, ya llegó" como lo demostraron Blair y Bush, asistiendo a alguna de sus sesiones antes de ser electos en sus respectivos países. Algunas de las personalidades más conocidas son Alan Greespan, gobernador del Banco de la Reserva Federal de los EEUU y ex director de la Banca Morgan, relacionado siempre con el ala más conservadora de la política estadounidense, Donald Rumsfeld, secretario de defensa de los EEUU, antiguo interlocutor de Saddam Hussein, Paul Wolfowitz o el velociraptor como lo llama Ignacio Ramonet, uno de los halcones más peligrosos del actual gobierno estadounidense, artífice de la invasión a Irak y fanático pro israelí, la reina Sofía de España como presidenta de la Fundación que lleva su nombre, el multimillonario George Soros actualmente crítico de la "inmoralidad del mercado" aunque hizo su fortuna mediante operaciones especulativas y desde luego muchos otros de similares trayectorias.

El nombre del club se originó en el del Hotel Bilderberg, en el que celebró su reunión inaugural, ubicado en la ciudad holandesa de Oosterbeeck y propiedad del mencionado príncipe Bernardo de Holanda, involucrado en su momento en el escándalo Lockheed y el tráfico clandestino de armas, por el que cobraba suculentas comisiones a los EEUU. Desde entonces los encuentros son financiados no solo mediante las cuotas de sus miembros sino también por el aporte de algunos mecenas como Wallemberg, la mayor fortuna de Suecia y suegro de Kofi Annan, el actual secretario General de las Naciones Unidas.

Según la periodista española Cristina Martín que ha publicado un libro sobre el Club Bilderberg sus principales objetivos son: la creación de tres monedas únicas, el establecimiento de grandes áreas de comercio, el fortalecimiento de la ONU con una gran fuerza internacional y el provocar situaciones que mantengan la tensión capaz de estimular la economía de guerra y sus estrategias para controlar el mundo pasan por: controlar la educación y la formación y mantener a la población siempre trabajando para no pensar. No resulta demasiado osado imaginar que su principal objetivo es en realidad instalar " por conquista o por sometimiento" un nuevo orden mundial, del que somos y pretenden que sigamos siendo, víctimas.

Pero este tipo de club no es la única organización que delibera y decide sobre el futuro del mundo, existen algunas otras organizaciones similares entre las que merecen destacarse el ERT,(la Mesa Redonda de los Industriales) creada en 1983, con el objetivo de representar a los industriales europeos e integrada por una cincuentena de miembros cuya misión principal es hacer "lobby" ante los gobiernos en beneficio de sus empresas. Esta organización integrada por los presidentes de Siemens, Bayer, Deutsche Lufthansa, Carlsberg, Renault, Nokia, Fiat, Pirelli, Vodafone, Ericsson, Repsol YPF, Telefónica y Nestlé entre muchos otros factura el 60% de la producción industrial europea. Algunas de sus principales iniciativas como la propuesta en 1985 de eliminar las barreras comerciales en Europa o la de establecer una moneda única fueron luego adoptadas por la Comunidad.

Podríamos mencionar también el Foro Económico de Davos, tal vez el más conocido y la Trilateral Commission. Del primero forman parte los jefes de estado, los presidentes de organismos internacionales y los directivos de grandes empresas transnacionales como Microsoft, AUDI, Coca-Cola Co., Manpower, IBM, al que el movimiento altermundista ha sacado prácticamente a la luz, generando presencias insólitas en ese foro como la del presidente Lula y la Secretaria General de Amnesty International, aunque esto no baste para cambiar en lo más mínimo los objetivos de este clan que es, como es sabido, generar la mayor cantidad de réditos posibles y repartírselos entre los más poderosos.

La Comisión Trilateral en cambio fue fundada por David Rockefeller, uno de los más destacados miembros del Club Bilderberg, con la colaboración del polaco Zbigniew Brzezinski (asesor de seguridad del Presidente Carter, preocupados por " el deterioro de las relaciones entre los EEUU, Europa y Japón". Reune anualmente a unas trescientas personas del stablishmen y participan de sus reuniones, hombres del mundo de los negocios, de los medios de comunicación, de la política internacional, muchos de ellos integrantes tambien del Club Bilderberg y algunas ONGs.

Todas estas organizaciones tienen en sus manos el poder de influir sobre el curso de los acontecimientos a partir de decisiones tomadas en conclaves casi absolutamente secretos y aunque se definen como defensores de la democracia, no son electos ni actúan en representación de la sociedad sino de sus propios y concentrados intereses arrogándose el derecho de planificar el futuro mundial. Para contrarrestar las críticas y las polémicas que irremediablemente generan cuentan con eficaces departamentos de relaciones públicas que los definen como grupos o foros de estudio y debate sobre los grandes problemas que afectan a la comunidad internacional, con la imaginaria y supuesta intención de resolverlos

Lo que en modo alguno puede resultar creíble teniendo en cuenta las desastrosas consecuencias que sus decisiones han provocado y siguen provocando en la mayor parte del mundo.

Autor: Solidaridad.net- Fecha: 2005-09-23

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