El ataque de Rouco Varela contra la parroquia vallecana desata una oleada en defensa de los parroquianos y los grupos sociales

Julio Castro - laRepública.es

La entrevista venía más a cuento del enfrentamiento que ha provocado el ultraconservador arzobispo de Madrid Rouco Varela que, al parecer, llevado por el ánimo de aplicar castigos ejemplares a quienes no comulguen de su palma, ha querido dar un escarmiento en uno de los lugares más complejos socialmente, y que viven enormes problemas en numerosos aspectos. El barrio de Entrevías, abandonado por tradición en mayor o menor medida por todas las administraciones ha sufrido el problema de una zona de muy bajo poder adquisitivo, con elevada inmigración de zonas rurales desde mediados del siglo pasado, y que no prosperó como otras, debido a su ubicación en el arco sur del municipio, rodeada de descampados, zonas de carga, de transporte, de ferrocarriles... El problema de la droga se ha ensañado en estas familias, pero también el de la vivienda, y también todos y cada uno de los que surgen, que se acentúan en ese lugar. Pero también ha ocurrido que se ha desarrollado una gran solidaridad, la organización comunitaria, e incluso la autogestión en cuestiones que otros no vendrán a resolver. Obviamente, en esta tesitura, era de esperar: la jerarquía eclesial no sólo les abandonó desde el principio, sino que ahora viene a borrarles del mapa. Molestan, son pobres, son solidarios... y piensan. Mucho cabría hablar de la Teología de la Liberación, pero este no es el espacio, porque ese debate abierto por los Roucos y compañía es un debate falso, como se demuestra al analizar la situación.

Sara Nieto, de Madres Contra la Droga, nos explica que llevan organizándose y trabajando en la parroquia desde el año 1986. Medio en broma, y entre risas nos cuenta una realidad muy dura de escuchar, de leer... de conocer, pero que está ahí. Siempre lo ha estado, y el buen humor no la cambia ni engaña al ojo o al oido. Lleva 21 años trabajando con las madres que han tenido hijos metidos en la droga, o que han perdido alguno. En broma y a sabiendas que no es un trabajo, le pregunto si le pagan mucho: “Jaja, unos disgustos que te cagas. Esto no es un trabajo voluntario, es una manera de vivir, hemos enterrado a mucha gente, sabemos todos los teléfonos, nos llamamos, quedamos lloramos reímos, contamos chistes verdes… Yo no he perdido a ningún hijo, pero sí he vivido, madres que han perdido hasta cuatro

¿Ha mejorado algo la situación e el barrio?

En cuanto a heroinómanos, como se están muriendo hay menos, pero la droga está fatal. Yo trabajo en una discoteca de bacalao ¡imagínate como están los chavalitos! Está muy de moda (aunque es del año ’55) el cristal, y es que hacen marketing, es un poco más barato que otras… Nosotros lo denunciamos.

Nuestra organización ha valido mucho para nosotras, para liberarnos del machismo duro que había hace 20 años, mucho de inmigrantes de los pueblos. Las mujeres han aprendido a decirles “Oye, que me voy a luchar, caliéntate la cena”… sí, la lucha ha venido bien para todo, porque ha servido de denuncia, pero también para las mujeres que estamos en esta lucha

Aquí nos trajeron nuestros hijos, que venían a pedir ayuda, y nosotras veníamos para saber dónde venían nuestros hijos. Si la gente de Coordinadora de Barrios, que estaba aquí, sabía que eran drogados…

Y aquí hemos llegado, buscando ayuda, buscando apoyo y para que nos entendieran, la gente que se avergonzaba de tener un hijo toxicómano, aquí encontraba a gente como ellos y podían vivir de otra manera.

Aquí nos organizamos como grupo, somos un grupo de lucha y denuncia, y en los estatutos que son de 1990, consta que el objetivo es denunciar, presionar y exigir: decidimos no llorar más y luchar. De hecho hay madres que pierden un hijo y al mes ya hacen fiesta, porque nos sentimos útiles y que la muerte de nuestros hijos no ha sido en vano. Nuestros hijos nos dejan, y la manera de vivir el evangelio aquí nos ayuda a entender la resurrección, a no odiar a dios y aborrecerle porque le culpabilicemos de la muerte de nuestros hijos. Nos ha ayudado a tener esperanza, a ser solidarios,… Esto lo hemos conseguido en esta parroquia, por la manera de vivir la fe. Sin ritos, sin capisayos, sin botafumeiro, simplemente con la palabra, con el evangelio, con la solidaridad que Jesús enseña. Y por todo eso no nos podemos ir, porque nuestros hijos que nos dejaron aquí, tienen que ver para abajo, que en San Carlos, sus madres todavía están, se cuidan, son felices, son capaces de hacer fiesta,… aunque se acuerden mucho de ellos que ya no están.

Además, esto es una cadena muy grande de chicos dándose la mano (porque ya han muerto como 300 ó 400), y cogidos de la mano van de San Carlos al cielo. Y si nos vamos, se soltarían y los perderíamos para siempre. Por eso no nos vamos a ir.

Los espacios de lucha los hacemos como cualquier colectivo, en lo que nos afecta: la sanidad que está muy mal, quien no tiene pensión, porque no solamente somos madres de drogadictos, somos personas, como todos, con una trayectoria. Y somos solidarias. Todo eso lo hacemos igual, igual nos da. Pero vivir la fe, tiene que ser en este espacio, porque fue donde nos dejaron nuestros hijos.

¿Cómo ha venido lo del enfrentamiento con la jerarquía eclesial?

Bueno, nosotros siempre hemos sido el patito feo. Desde los años ’70, esta parroquia dejó de ser territorial para ser social (no había libros ni nada). Y el patito feo, Enrique de Castro, le da al evangelio una lectura de lucha, basada en la Teología de la Liberación, y ha publicado unos libros (“Dios es ateo” y “La fe y la estafa”), entonces Rouco le está mirando como por encima del hombro. Y en mayo el obispo mandó una visita y estuvo gente de todo el Estado (esta también es una parroquia dónde hay muchísima gente joven, ateos, agnósticos, musulmanes).

¿A ti, que vayan esos otros colectivos te molesta de alguna manera?

A mí no, a mí me gusta que haya pluralidad, y que la gente que no cree sepa que hay otras cosas.

Uno siempre aprende más ¿verdad?

Sí, aquí hay mucha gente que no cree, y que viene los domingos a misa ¡y comulga!

Entonces, en mayo vino la visita, y tienen que revisar los libros, pero como no hubo tiempo se los llevaron y dijeron que luego ya nos los devolverían. Aquí, como no hay catequesis ni comunión, bautizamos a nuestros niños, casamos a nuestra gente, viene gente de fuera que quiere casarse aquí porque nos conoce… Entonces: se llevó los libros.

Y a finales de julio llaman: “Que esto está muy mal, que no es católico, porque no se comulga con ostias…” No hay sagrario, porque como es una iglesia en que alguna gente está muy mal, entraban, tiraban el sagrario, esparramaban las ostias, y a nosotros nos parecía, no un pecado, sino una falta de respeto. Y decidimos no tener sagrario.

Que aquí no hay confesionario…” bueno, el Vaticano II dice que hay que hacer una confesión comunitaria, que no hace falta confesionario. Lo curioso es que San Carlos Borromeo, cuyo nombre lleva la parroquia, fue el que inventó los confesionarios, y además, nosotros somos anticapitalistas, y ante todo, ¡Carlos Borromeo es el patrono de los banqueros! Pero fíjate: somos tan plurales y tan elegantes, que podemos hasta convivir con San Carlos.

¿Sabías eso? Pues por ahí van las cosas.

Total, que se llevaron los libros, y mandó ir al párroco (Javi Baeza), le echó una bronca que te cagas. Esto fue a finales de julio, le amargó las vacaciones. Y ahora dicen que van a hacer un estatuto para la parroquia, y les llaman para que vayan el martes pasado y les dicen que la parroquia está anulada como parroquia (el domingo pasado ya no teníamos que haber tenido eucaristía) y, como en un juicio sumarísimo, que el local va a ser para Caritas, y les dicen si ellos utilizan eso, pueden seguir trabajando en lo social, pero como parroquia tienen que irse. Como iglesia les molestamos, les molestan nuestras celebraciones, les molesta nuestra manera de vivir la fe. Y a ellos, que tienen que irse, que se apunten en la vicaría y que soliciten una parroquia en una iglesia donde quede una plaza de cura vacía: pero por separado, todos juntos no.

Javi dijo: “bueno, esto yo tengo que decírselo a la gente…” “¿Qué dices? ¡Esos son míos!”. O sea, que yo, que no soy ni de mi marido, soy del obispo… ¡tengo un trauma, que voy a adelgazar 50 gramos!

Dicen que aquí no hay catequesis, sí que hay, pero la tenemos de adultos, y muy fuerte. La imparte una persona que es de la asociación de los teólogos Juan XXIII, unos progresistas. Eso también le molesta al obispo, que nosotros cada 15 días nos juntemos para tener un estudio de la Biblia, analicemos y descubramos “esto lo dijo la iglesia pero no es verdad…” y así. Pero dice que esa catequesis no está homologada, y como no tiene código de barras, pues no vale.

Y nosotros hemos decidido que no vamos a irnos. Y lucharemos. Aquí viene gente que quiere hacer cosas, pero es gente de fuera de la iglesia, y estamos esperando, porque un cura experto en derecho canónico va a estudiar la forma de poner una denuncia al obispo, porque no se puede cerrar una iglesia así, hay unas normas legales, tiene que formarse una comisión, estudiarlo… no eso de “te cierro y te vas”, eso no es legal.

Y hoy ha habido asamblea y vamos a hacer actividades.

¿Y no os vais a ir, aunque os ofrezcan otro sitio?

No, este espacio es nuestro. Aquí nos dejaron nuestros chavales y aquí vamos a estar para que nos vean. Yo no quiero ir a una misa con capisayos que no me dicen nada.

¿Alguien ha pensado sobre la posibilidad de la especulación, debido a que ese suelo pueda tener un valor económico elevado?

Todos lo hemos pensado: es la mejor esquina del barrio, y cualquier día hacen abajo un local de Caritas, y arriba todo pisos. De hecho, el director de Caritas-Madrid es un constructor. Y a lo mejor este año no, pero luego en dos años…

Pero nosotros, lo que no queremos es que nos quiten nuestra parroquia, seguir aquí, y seguir con nuestra fe como el que vive aquí, no queremos que nos organicen nuestra fe, no queremos que especulen con nuestra fe, ni que nos quiten nuestro derecho a pensar como queremos. Y entonces, no nos vamos a ir, nos sacará la policía, pero nosotros no nos vamos.

Aunque debería preguntarle a él, ¿puedes decirme qué intenciones tiene Javier?

Pues Javi nos dijo “tengo 39 años, esta es mi vida, pero me parece que lo que están haciendo no está bien, y como no me lo podría perdonar nunca, me quedo pase lo que pase”. Y hasta que él nos dijo eso no hemos tirado p’adelante. Los otros curas, uno está jubilado, a Enrique le quedan dos años, pero se quedan todos, aunque Javi es el más afectado, por la edad. Por eso ayer en misa, la comunidad le hemos pedido las llaves y le hemos liberado de la responsabilidad, así que las llaves las tenemos la comunidad.

Y por último decir que sería muy vergonzoso que esto se cerrara y la iglesia no se pronunciara. Esto es una caza de brujas, y es muy triste porque el camino que lleva la iglesia es rancio, antiguo y especulador: lo que están haciendo no tiene nada que ver con el evangelio. Eso nos entristece, pero aquí estaremos luchando.

Yo creo que esto lo solucionaremos, y si no, pues iremos a los cepillos de las iglesias que estén de acuerdo con el obispo, para poner aquí una valla anti-avalanchas.