La única cosa de la que debemos tener miedo es del miedo", dijo en 1933 Franklin Delano Roosevelt. Décadas después, los políticos parecen mucho menos valientes y bastante menos sinceros que el presidente estadounidense. La gente tiene miedos nuevos y miedos de toda la vida, pero algunos políticos y mafias, en vez de intentar resolverlo, prefieren cabalgar la montura del pánico para vender seguridad a cambio de poder. La tecnología y los avances incomprensibles para muchos, la precariedad que amenaza el modus vivendi o la inmigración llenan de incertidumbre a los ciudadanos.
Una cumbre social celebrada en Roma ha dado a conocer los datos del miedo. Un estudio de Censis, basado en 5.000 entrevistas a habitantes de 15 a 75 años de 10 grandes ciudades (Londres, París, Roma, Moscú, Bombay, Pekín, Tokio, Nueva York, São Paolo y El Cairo), indica que, aunque la angustia domina en las poblaciones urbanas, la gente, todavía, no se deja arrastrar por el pánico.
Aunque el 90% de los habitantes metropolitanos declara que sufre al menos algún tipo de miedo, y el 42,4% siente un "miedo muy fuerte", sólo un 11,9% afirma que es el sentimiento que describe mejor su actitud vital. Uno de cada cuatro se percibe con "incertidumbre". Pero la mayoría muestra una actitud positiva. La encuesta confirma también que el miedo va por barrios, y por edades. Cunde un poco más entre las mujeres, y sobre todo entre los que tienen menos medios, menos cultura y más años. Lo sufren el 8% de los que viven en familias acomodadas frente al 22,5% de los que provienen de origen humilde; el 27,5% de los que sólo tienen educación primaria frente al 10% de los que han recibido una educación superior. Roma es la capital mundial del miedo, y Londres, la más optimista. En Londres y Nueva York, pese a los atentados terroristas, prevalece la confianza (el estudio es anterior al colapso del sistema financiero). Al otro lado del mundo, las dos ciudades del poder emergente, Pekín y Bombay, aparecen exultantes: el 65% de los chinos y el 83,3% de los indios se mueven entre la confianza y el entusiasmo. El pésimo dato de Roma es uno de los que más choca a los expertos, porque al mismo tiempo la ciudad encabeza las tablas de las ciudades más seguras del mundo, pese a la "emergencia de seguridad" lanzada contra inmigrantes rumanos y gitanos por el Gobierno de Silvio Berlusconi y por el alcalde Gianni Alemanno.
Para el psicoanalista y filósofo James Hillman, autor del libro El código del alma, "el miedo es, como dijeron Sartre y Kierkegaard, una invención, una religión, una creencia, una ilusión. Pero no hay nada tan ilusorio como la seguridad perfecta y mágica que nos venden los políticos y que nos hace perder la libertad".
Los temores de la gente provienen del entorno, de la economía, del racismo", explica Hillman. "De la arquitectura, de los sistemas de enseñanza, del capitalismo, de la explotación, de la precariedad. Vienen de muchos sitios que la psicoterapia y la política no tratan".
La lógica populista del chivo expiatorio lleva centurias funcionando como receta política, y Hillman tiene una bonita teoría para explicar la persecución secular de judíos y gitanos. "Más que el chivo expiatorio, esa política encarna el mal absoluto. Las minorías suelen llevar vidas libres, fuera del sistema, ajenas al Estado, y eso nos produce mucha envidia. Los gitanos viven en la calle o en el campo, a menudo no pueden trabajar. Representan algo inalcanzable. Es una envidia fea, esa. No quiero ser gitano, pero me gustaría ser como ellos".
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MIGUEL MORA 03/10/2008
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Vivimos/atrapados/miedo/elpepisoc/20081003elpepisoc_1/Tes



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