No hace tanto, en esta misma tribuna, declaraba que Israel estaba llevando a cabo una política genocida en la banda de Gaza. He dudado mucho antes de utilizar este término tan cargado, tan acusador, pero sin embargo me he decidido a adoptarlo. Por otra parte, las reacciones que he suscitado, incluso por parte de ciertos grupos –de los más importantes- de militantes por la defensa de los derechos humanos, mostraban un cierto malestar en cuanto a mi utilización de este término. Durante un cierto tiempo, he reflexionado sobre este tipo de fórmula, pero la he vuelto a utilizar hoy con una convicción reforzada: es la única manera apropiada de describir lo que está haciendo el ejército israelí en la banda de Gaza.
El 28 de diciembre de 2006, B´Tselem, la organización israelí de defensa de los derechos humanos, ha publicado su informe sobre las atrocidades israelíes en los territorios ocupados. Durante este último año, las fuerzas israelíes han matado a 660 ciudadanos. El número de palestinos asesinados por Israel el último año se ha pues triplicado en relación al año precedente (alrededor de 200). Según B´Tselem, los israelíes han matado 141 niños durante el último año. La mayor parte de los muertos lo han sido en la banda de Gaza, donde las fuerzas israelíes han demolido cerca de 300 casas y han masacrado familias enteras. Esto significa que, desde el año 2000, las fuerzas israelíes han matado casi 4.000 palestinos, de ellos la mitad niños, y han herido a más de 20.000 personas.
B´Tselem es una organización más bien precavida. Es por tanto posible que las cifras sean más elevadas. Sin embargo, no se trata únicamente de una escalada de asesinatos intencionados. Se trata aquí de una tendencia y de una estrategia.
En este comienzo de 2007, la gente que toma las decisiones en Israel se enfrenta a dos situaciones muy diferentes en Cisjordania y en la banda de Gaza. En el primer caso, están más cerca que nunca de acabar la construcción de su frontera oriental. Su debate ideológico interno está terminado sobre este asunto. Su plan director apuntando a la anexión de la mitad de la ribera occidental está en vías de ser ejecutado con una rapidez creciente. La última fase ha sido retrasada debido a las promesas realizadas por Israel, en el marco de la Hoja de Ruta, de no construir nuevas colonias.
Israel ha encontrado dos formas de soslayar esta pretendida prohibición. En primer lugar, el estado israelí ha fijado que un tercio de la orilla occidental formaba parte del Gran Jerusalén. Esto le ha permitido construir sobre este territorio recientemente anexionado ciudades y centros comunitarios. Luego, ha ampliado las antiguas colonias hasta tal punto que no era necesario construir nuevas. Este proceso ha conocido aún un nuevo impulso en 2006: centenares de caravanas han sido instaladas a fin de marcar la frontera de la expansión territorial; planes de ordenación territorial para las nuevas ciudades y barrios han sido finalizados; y las carreteras y autopistas de circunvalación, que remiten a un sistema de apartheid, han sido acabadas.
En total, las colonias, las bases militares, las carreteras y el muro permitirán al estado de Israel anexionarse casi la mitad de Cisjordania para 2010. En el interior de estos territorios se encontrará un número considerable de palestinos, contra los que las autoridades israelíes continuarán llevando a cabo una política de transfert lento y rampante. Este tema parece demasiado aburrido como para que los medios occidentales sean molestados, y demasiado vago para que las organizaciones de defensa de los derechos humanos lo consideren como un tema importante. No hay urgencia: los israelíes saben que la situación está bajo control. Los mecanismos conjuntos del ejército y de la burocracia, con su lote de abusos y de deshumanización, aportan su propia contribución a este proceso de desposesión, de expropiación.
El pensamiento estratégico de Ariel Sharon según el cual esta política es bastante mejor que la planteada por los partidarios del transfert o de la limpieza étnica, como Avigdor Lieberman (dirigente del partido de extrema derecha Israel Beitenou –Nuestra Casa Israel-, que Olmert han integrado en el gobierno de coalición en noviembre de 2006), es aceptado por todo el gobierno, desde los laboristas hasta Kadima (partido creado por Ariel Sharon en noviembre de 2005). Los “pequeños crímenes” del terrorismo de estado sin también eficaces en la medida en que permiten a los sionistas liberales (“de izquierda” en el sentido americano del término), en todo el mundo, condenar cómodamente a Israel, a la vez que califican toda verdadera crítica de la política criminal de Israel como algo que remite al antisemitismo.
Además, no hay aún estrategia israelí clara en lo que se refiere a la banda de Gaza, incluso si algunas experiencias cotidianas son llevadas con una perspectiva estratégica. A ojos de los israelíes, Gaza es una entidad geopolítica completamente diferente de Cisjordania. Hamás controla Gaza, mientras que Abou Mazen ( Mahmoud Abbas, dirigente del Fatah, presidente de la Autoridad palestina) parece gestionar la Cisjordania fragmentada con la bendición de los israelíes y de los americanos. No hay ningún trozo de terreno en Gaza que sea deseado por Israel, y no hay ningún país detrás, como Jordania, hacia el que se pueda expulsar a los palestinos de Gaza. La limpieza étnica no es allí, por tanto, eficaz.
Anteriormente, la estrategia en Gaza consistía en encerrar allí a los palestinos en ghettos, pero eso no funciona. La comunidad ghetizada continúa expresando su voluntad de vivir disparando los cohetes llamados Qassam sobre Israel. El hecho de ghetizar o poner en cuarentena a comunidades que se rechaza, incluso si son consideradas como sub-humanas o peligrosas, no ha sido jamás una solución en la historia. Los judíos lo saben bien, a partir de su propia historia. En el pasado, las etapas siguientes contra tales comunidades eran aún más horribles y bárbaras. Es difícil prever lo que el futuro reserva a la población de Gaza, ghetizada, puesta en cuarentena, indeseable y demonizada. ¿Habrá una repetición de los siniestros ejemplos históricos o un destino mejor es aún posible?
Según John Dugard, informador especial de las Naciones Unidas, esta forma de crear una prisión antes de lanzar la llave al mar ha sido una opción contra la cual los palestinos de Gaza han reaccionado con vigor desde septiembre de 2005. Estaban determinados a mostrar que a lo menos seguían formado parte de Cisjordania y de Palestina. Ese mes, efectuaron un primer –en número si no en calidad- lanzamiento significativo de misiles en dirección al Negev occidental. Los tiros eran una respuesta a una campaña israelí de arrestos masivos de militantes de Hamas y de la Yihad islámica en la región de Tulkarem.
Los israelíes respondieron con la operación “Primeras lluvias”. Vale la pena reflexionar un momento sobre la naturaleza de esta operación. Estaba inspirada por las medidas punitivas infligidas en primer lugar por los poderes de las potencias coloniales y, luego, por las dictaduras, contra comunidades rebeldes encarceladas o proscritas.
Una demostración pavorosa de la capacidad de intimidación del opresor precedía a todo tipo de puniciones colectivas y brutales, que provocaban entre las víctimas un número elevado de muertos y heridos. Así, durante la operación “Primeras lluvias”, aviones supersónicos sobrevolaron Gaza para aterrorizar al conjunto de la población. Fueron seguidos de bombardeos masivos de amplias regiones desde el mar, el aire y tierra. El ejército israelí explicaba que la lógica era crear una presión a fin de debilitar el apoyo de la comunidad de Gaza a los lanzadores de cohetes.
Como estaba previsto también por los israelíes, la operación no ha hecho sino reforzar el apoyo a los lanzadores de cohetes, y ha dado un impulso a sus futuras tentativas. El objetivo real de esta operación particular era de orden experimental. Los generales israelíes querían saber cómo serían recibidas en Israel, en la región y en el mundo tales operaciones. Y parece que la respuesta ha sido inmediatamente: “muy bien”, si se juzga por el hecho de que nadie se ha interesado en las decenas de muertos y centenares de heridos palestinos provocados por la operación “Primeras lluvias”.
Desde entonces, el listón ha sido situado cada vez más alto. Los palestinos sufrieron un baño de sangre tras los disparos contra el barrio residencial de Beit Hanoun, al norte de la banda de Gaza, que mataron al menos a 18 personas el 8 de noviembre de 2006.
Así, desde “Primeras lluvias” y hasta junio de 2006, todas las operaciones siguientes se han desarrollado según el mismo esquema. La diferencia residía en su grado de escalada: aumento de la potencia de fuego, más víctimas y estragos colaterales y, como podía preverse, más cohetes Qassam tirados como respuesta. En 2006, las medidas que acompañaban estas operaciones remitían a medios más siniestros tendentes a asegurar el encarcelamiento total de la población de Gaza a través del boicot y los diversos bloqueos, a los que la Unión Europea aporta aún un apoyo vergonzoso.
La captura del soldado Gilad Shalit en junio de 2006 no tiene relación con este plan de conjunto. Ofreció sin embargo una ocasión a los israelíes para intensificar aún más la dimensión estratégica de las llamadas misiones tácticas y pretendidamente punitivas. Después de todo, no había aún ninguna estrategia establecida tras la decisión táctica de Ariel Sharon de retirar de Gaza a 8.000 colonos cuya presencia complicaba las misiones “punitivas” y cuya “expulsión” ha hecho de él casi un candidato al Premio Nobel de la paz. Desde entonces, las acciones “punitivas” han proseguido y se han convertido ellas mismas en una estrategia.
Al ejército israelí le gusta el teatro. Consiguientemente, ha practicado también la escalada en el plano del lenguaje. Es así como “Primeras lluvias” fue reemplazado por “Lluvias de verano”, nombre genérico dado a las operaciones “punitivas” desde junio de 2006 (en un país en el que no hay lluvias en verano, y donde las únicas precipitaciones son los diluvios de bombas lanzados por F-16 y obuses de artillería que golpean a la población de Gaza).
Las operaciones “Lluvias de verano” han aportado un nuevo elemento: la invasión terrestre de ciertas partes de la Banda de Gaza. Esto permitía al ejército israelí matar a ciudadanos aún más eficazmente, y presentarlo como el resultado de duros combates en regiones densamente pobladas, es decir una consecuencia inevitable ligada a las circunstancias y no el resultado de la política israelí.
A finales del verano llegó la operación “Nubes de otoño”, que era aún más eficaz: el 1 de noviembre de 2006, en menos de 48 horas, los israelíes mataron a 70 civiles; a fines del mes, con minioperaciones suplementarias, había cerca de 2000 asesinados, la mitad de ellos mujeres y niños. Como se puede constatar observando las fechas, una parte de esta actividad se desarrollaba paralelamente a los ataques israelíes contra el Líbano. Esto permitía llevar a cabo más fácilmente las operaciones sin llamar la atención “exterior”, y aún menos las críticas.
Entre “Primeras Lluvias” y “Nubes de otoño”, todos los parámetros indican una escalada. En primer lugar, está la desaparición de la distinción entre objetivos civiles y no civiles: la masacre absurda ha transformado el conjunto de la población en objetivo principal de las operaciones del ejército. Luego, está la escalada en cuanto a los medios empleados: utilización de todas las máquinas de matar que posee el ejército israelí. Finalmente, la escalada es notable por el número de víctimas: en cada operación y en las operaciones que siguen, cada vez un número mucho más elevado de personas son susceptibles de ser asesinadas y heridas. En conclusión y sobre todo, las operaciones se convierten en una estrategia, es decir la forma en que Israel tiene la intención de resolver el problema de la banda de Gaza.
Un transfert rampante en Cisjordania y una medida política de genocidio en la banda de Gaza: estas son las dos estrategias utilizadas actualmente por Israel. Desde un punto de vista electoral, la desplegada en Gaza es problemática, puesto que no da resultados tangibles. La Cisjordania bajo Abou Mazen está cediendo bajo la presión israelí, y ninguna fuerza significativa detiene la estrategia de anexión y desposesión. Pero Gaza continúa respondiendo. De un lado, esta respuesta podría permitir al ejército israelí lanzar operaciones genocidas aún más masivas en el futuro. Pero hay también un grave peligro de que, como ocurrió en 1948, el ejército israelí mismo exija acciones “punitivas” más drásticas y sistemáticas y acciones colaterales contra la población asediada de la banda de Gaza.
Irónicamente, la máquina de matar israelí se ha reposado últimamente. Incluso el lanzamiento de un número relativamente elevado de cohetes Qassam, incluso uno o dos bastante mortíferos, no ha logrado suscitar una acción por parte del ejército. Según los portavoces de este último, esta falta de reacción demostraría una “contención”. Sin embargo, esto no ha ocurrido nunca en el pasado, y es poco probable que ocurra en el futuro. El ejército reposa, pues sus generales se contentan con dejar que la matanza interna que se da en Gaza haga el trabajo en su lugar. Observan con satisfacción la guerra civil emergente en Gaza, fomentada e impulsada por Israel. Desde el punto de vista de Israel, poco importa la forma en que la población disminuya en Gaza, que sea por matanzas internas o matanzas israelíes.
La responsabilidad de poner un término a las luchas internas incumbe evidentemente a los propios grupos palestinos. Pero las intervenciones de los americanos y de los israelíes, los encarcelamientos, el hambre y el estrangulamiento de Gaza son todos factores que hacen muy difícil un proceso de paz interna. Pero llegará pronto, y entonces, en cuanto se den los primeros signos de pacificación, las “Lluvias de verano” israelíes empezarán de nuevo a caer sobre la población de Gaza, arrastrando destrucción y muerte.
Nunca se deberían dejar de subrayar las conclusiones políticas de esta sombría realidad del año 2006 que ha acabado y del que nos espera. Sigue sin haber otro medio de detener a Israel que el boicot, las desinversiones y sanciones. Deberíamos, todos, apoyarlas claramente, abiertamente, incondicionalmente, a pesar de lo que nos cuentan los gurús de nuestro mundo sobre la eficiencia o la razón de ser de tales acciones.
Las Naciones Unidas no intervendrán en Gaza como lo hacen en África; los laureados Premios Nobel de la paz no se comprometerán en su defensa como lo hacen en los casos de Asia del Sureste. El número de personas muertas no produce tanta estupefacción como en otras calamidades. El único punto vulnerable en esta máquina de matar reside en el oxígeno aportado por los conductos de la “civilización” occidental y la opinión pública. Es aún posible perforarlos y hacer que sea más complicado para los israelíes realizar su futura estrategia de eliminación de la población palestina sea por la limpieza étnica en Cisjordania, sea por el genocidio en la banda de Gaza.
Ilan Pappe es profesor en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Haifa y presidente del Instituto Emil Touma de estudios palestinos en Haifa (Emil Touma era un historiador y un reputado intelectual árabe). Ilan Pappe ha publicado entre otros libros: La guerre de 1948 en Palestine: aux origines du conflit israélo-arabe, Livre de poche 10/18 (publicado en 2000 en Ed. La Fabrique), Une guerre pour deux peuples. Histoire de la Palestine moderne, Fayard 2004, Les démons de la Naqbah. Les libertés fondamentales dans l’université israélienne, Ed. La Fabrique, 2004.
El texto inglés ha sido publicado en The Electronic Intifada el 11 de enero de 2007. La presente versión es la traducción del francés aparecida en la página de la Asociación Francia-Palestina Solidaridad. http://www.france-palestine.org/
Traducción: Alberto Nadal